lunes, 1 de agosto de 2016

COMENTARIOS ELEISON - TOMISMO ÚNICO



Número CDLXXII (472)
30 de julio de 2016

Tomismo único

Mons. Williamson



Verdad que es verdad excluye toda contradicción.
“Verdad” que admite el error, es verdad-ficción.

La manera por la cual el modernismo puede combinar aparente sinceridad y buena fe con disolución de la verdad es tan peligrosa para la fe real de los Católicos que difícilmente puede ser descrita o analizada con demasiada frecuencia. La pregunta reciente de un laico Tradicionalista provee otra oportunidad para hacerlo. Él pregunta si es sabio que un sacerdote de la Fraternidad San Pío X lea regularmente una revista Tomista Conciliar, basado en el hecho de que la FSSPX no ha proporcionado hasta ahora esta materia de lectura regular sobre el pensamiento y la doctrina del más grande filósofo y teólogo de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino. La respuesta es que es mejor que este sacerdote sea, por decir lo menos, muy cuidadoso, porque el Tomismo Conciliar es una contradicción en términos reales que puede, en términos modernistas, hacerse pasar fácilmente – y aquí está el problema – como no contradictorio.

El Tomismo Conciliar es una contradicción en términos reales, porque la enseñanza de Santo Tomás se esfuerza, y lo logra en gran medida, en conformar al uno y único orden plantado en las cosas reales, fuera de nuestras mentes, por el uno y único Dios real. Por el contrario, el Vaticano II procedió a partir de la suposición que el hombre moderno ha desestabilizado este orden en las cosas, centrado en Dios y estático (ver la sección de apertura de “Gaudium et Spes”). Y, por consiguiente, para que la religión de Dios tenga algún sentido para el hombre moderno, debe ser reestructurada en términos dinámicos y centrados en el hombre, lo cual hace que el Tomismo ya no sea el único fiel a la realidad, sino un tanto anticuado.

Así en términos modernistas el Tomismo permanecería como un monumento histórico del pensamiento humano, un sistema intelectual magnífico cuya lógica y coherencia son totalmente admirables. Así, los seminaristas d e la FSSPX pueden, por ejemplo, aprenderlo como una guía telefónica, pero si los seminarios de la FSSPX se dejan llevar bajo el hechizo del Vaticano II, los seminaristas ya no verán al Tomismo como la una y única manera de combatir los errores modernos y fácilmente serán cautivados y seducidos por muchas otras maneras más “actualizadas” de pensar sobre el mundo. En breve, los modernistas no desafiarán al Tomismo en su propio terreno, de hechoellos pueden afirmar que concuerdan con él enteramente en su propio terreno. Ellos simplemente afirmarán que en tiempos modernos el terreno se ha trasladado y entonces el Tomismo ya no es el pensamiento únicamente válido, o ya no es la una y única manera de llegar a la verdad. Así, los seguidores del Vaticano II pueden realmente pensar que concuerdan con el Tomismo, pero no coinciden con éste en lo absoluto.


Dejemos que la aritmética elemental ilustre una vez más el asunto. Dos y dos son cuatro y, en la vida real, en la realidad, no pueden otra cosa, ni tres ni cinco. Pero un aritmético moderno puede decir “Decir que dos y dos son únicamente o exclusivamente cuatro, es demasiado de mente cerrada. Es mucho más creativo y progresista decir que pueden también ser cinco o seis o – seamos de mente abierta – ¡Seis Millones!” Y como este aritmético moderno no excluye que dos y dos sean cuatro sino que gustosamente lo incluye en su amplia mentalidad, puede sinceramente creer que su aritmética no contradice a la vieja aritmética. Pero, ¿quién no puede ver que en la realidad él está totalmente socavando la “antigua” y verdadera aritmética? Esa aritmética que se corresponde con la única realidad fuera de nuestras mentes, no solamente incluye que dos y dos sean cuatro sino también excluye que sean otra cosa. Y es solo esta aritmética la que se corresponde con la única realidad, o, es verdadera. Así, la creencia y pensamiento que corresponde al único orden de la realida d natural y sobrenatural de Dios, existió por supuesto por muchos siglos antes de Santo Tomás de Aquino (1225–1274). Él simplemente lo recopiló en un sistema incomparable. Pero no es el sistema el que lo hace verdadero. Lo que lo hace únicamente verdadero como sistema es su única correspondencia como sistema con la realidad.

Por consiguiente, si los escritores en esta revista Tomista son también seguidores profesos del Vaticano II, ciertamente no creerán que el Tomismo es, en el sentido presentado aquí, único. En cuyo caso ellos pueden ser llamados “Tomistas de guía teléfonica”, pero ciertamente no son verdaderos Tomistas. ¿Sabrá el sacerdote arriba mencionado distinguir siempre? No, si ahora mismo está dejándose conducir bajo el Vaticano II.


Kyrie eleison.