miércoles, 29 de abril de 2015

LA TRADICIÓN JUZGA AL PAPA





“Me dicen: "Usted juzga al Papa”. Monseñor Benelli me enrostró: “¡No es usted quien hace la verdad!” Por supuesto que no soy yo quien hace la verdad, pero el Papa tampoco. La verdad es Nuestro Señor Jesucristo. Por lo tanto tenemos que remitirnos a lo que Nuestro Señor Jesucristo nos ha enseñado, a lo que los apóstoles nos han enseñado, a lo que los Padres de la Iglesia, a lo que toda la Iglesia ha enseñado para saber dónde está la verdad.
No soy yo quien juzga al Santo Padre, es la Tradición.
Un niño de cinco años con su catecismo podría muy bien contestar a su obispo, si su obispo viniera a decirle: “Nuestro Señor no está presente en la Santa Eucaristía”. Este niño con su catecismo -tiene cinco años- lee y dice: "Pero mi catecismo dice lo contrario”. ¿En­tonces quién tiene razón? ¿Es el obispo o es el catecismo? ¡Es el catecismo, evidentemente! El catecismo que representa la fe de siempre. Es muy simple. Es infantil como razonamiento. Pero en eso estamos. Si hoy nos dicen que se pueden hacer intercomuniones con protestantes, que ya no existen diferencias entre nosotros y los protes­tantes, y bueno, no es cierto. Hay una diferencia inmensa".


Mons. Lefebvre, La Iglesia Nueva. Homilías, Tomo II. 1975-1976, Editorial Iction, Buenos Aires, 1983. 

INTERROGANTE








Lanzamos el interrogante al aire, a ver si quizás alguien nos pueda ayudar a responderlo fehacientemente. Lo hacemos por este medio pues, como hemos podido comprobar en un artículo anterior, el sitio cuasi oficial de la FSSPX, Panorama Católico Internacional, oculta, omite y censura la información comprometedora con la posición oficial ACUERDISTA de la Neo-FSSPX. Tal fue el motivo para no dejar pasar un comentario enviado a su sitio web, el cual incluía, además de información y razones irrebatibles sobre la traición de Menzingen, enlaces a varias notas de diversos blogs resistentes, las cuales contienen informes prohibidos para los fieles de la Neo-FSSPX, que se supone deben sonreír y pensar que “todo va bien, cada vez mejor” y todo lo demás son fantasías de gente de “celo amargo”.

Ahora bien, el interrogante, la pregunta, la incógnita –o como quieran llamarle-, que sería bueno Marcelo González contestara, es la siguiente:

Si, como él escribe en su sitio web, “la regularidad canónica de la FSSPX es algo normal y deseable, no cabe demasiada discusión”, entonces, ¿por qué luego de subir la información sobre el reconocimiento jurídico en la Argentina, al poco tiempo la retiró? Si la noticia es tan buena, ¿por qué se levantó, como hemos mostrado que ocurrió, en este artículo?

Quizás alguien diga: porque González no estaba seguro de si era una noticia o sólo un rumor. Sin embargo él dice, cuando posteriormente volvió a dar la noticia –tras haberse conocido ampliamente- lo siguiente: “Se ha sabido ahora oficialmente, aunque la noticia ya era conocida en los pasillos de la Secretaría de Culto, de donde nos llegó tiempo atrás. La gestión iniciada por el entonces Superior de Distrito de América del Sur, P. Bouchacourt, llegó a buen puerto”. Dice allí “la noticia ya era conocida en los pasillos de la Secretaría de Culto, de donde nos llegó tiempo atrás”, es decir que no le llegó un rumor o chimento sin fundamentos. Le llegó la noticia.

Por eso volvemos a hacer la pregunta: si esta noticia es supuestamente tan buena para la FSSPX, ¿por qué se subió y luego se ocultó? ¿Quizás por presión de Martínez, para no generar alboroto en la feligresía? ¿Es que acaso pensaban preparar a los fieles para la recepción de la novedad? ¿O sabidos de que es parte de la traición, pensaban mantenerla guardada hasta que Menzingen lo indicara? Ah, no contaban con el cardenal Poli y sus buenos contactos con la prensa sionista, que fue quien la dio a conocer masivamente.

En todo caso, cuando Marcelo González dice “Se ha sabido ahora oficialmente, aunque la noticia ya era conocida en los pasillos de la Secretaría de Culto, de donde nos llegó tiempo atrás”, obvia decir que le llegó la noticia y la publicó, viéndose obligado al poco tiempo a quitarla. ¿Estamos ante el doble mensaje de los liberales? ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo para esta gente? ¿Están exultantes y a la vez se autocensuran para no dar a conocer tan buena noticia? ¿Quién puede entenderlos?

Preguntar estas cosas, ¿será tener celo amargo?


UNA CARTA MUY ACTUAL




El escritor y político argentino José Manuel Estrada (1842-1894) fue un católico de tendencia netamente liberal la primera parte de su vida, incluso execró duramente a Juan Manuel de Rosas. Sin embargo, viendo los estragos que causaba el liberalismo triunfante en el país, con su laicismo avasallante de los derechos de la Iglesia, se convirtió luego (hacia fines de los años ’70) en un enemigo del mismo, siendo el líder de la resistencia a los gobiernos de Roca y Juárez Celman, a través de la Unión Católica. En una carta confesó aquella primera y errada postura suya:

“Me sedujo durante algún tiempo el espíritu, bien intencionado pero paradojal, de los que en Bélgica y en Francia se llamaron, antes del Concilio Vaticano, católicos liberales. Doy gracias a Dios que me abrió los ojos y disipó de mi alma estas ilusiones... El cristianismo es el Reino de Cristo sobre las almas y las sociedades. Qué idea tan sencilla, tan luminosa, y tan difícil de percibir, sin embargo, cuando se envenena desde la niñez en una atmósfera de filantropía, que es una verdadera antropolatría”.
(Revista Sol y Luna número 8, 1942, Carta Inédita a Apolinario Casabal).

Otra carta al mismo destinatario, secretario del mismo partido, en tiempos de dura contienda contra el estado liberal, que terminó imponiendo el matrimonio civil y la educación laica, da cuenta de la desazón de un combate desigual, debido sobre todo a la falta de resistencia de los propios católicos al enemigo. El partido de Estrada sería vencido por la astucia masónica en connivencia con hombres de la propia Iglesia. Por más de un motivo la carta es aleccionadora y nos lleva a pensar en lo que está ocurriendo actualmente, muy particularmente en las filas de la FSSPX, hacia donde podrían ser dirigidos los reproches lanzados por aquel católico de fines del siglo XIX:

Buenos Aires, julio 5; 1888.
Querido amigo:
El Dr. Terrero me ha transmitido sus preocupaciones respecto de las cuestiones del día, añadiéndome que toma una solicitud amistosa por las inquietudes y desagrados que, a su juicio, deben producirme a mí. Se lo agradezco de todo corazón, y no se engaña suponiendo que me hallo en situación harto violenta y dolorosa. Ver la invasión del enemigo, y no encontrar quien la advierta ni la resista ni apruebe siquiera que se luche, es cosa para abatir el espíritu. V. es la persona a quien mayores confidencias he hecho desde que logramos dar formas, aunque rudimentarias, y hoy día por demás disminuidas y desfiguradas, al movimiento católico. Sabe que a los santos empeños de nuestra causa he consagrado lo que me resta de vida. Calcule V. si he de padecer o no, viéndome condenado al silencio por no arrostrar la censura de nuestros mismos amigos, que tachan de imprudente provocación al mal todo lo que sale de la apatía y los acomodamientos bastardos que, durante cerca de ochenta años, han conspirado a la ruina de los buenos principios en la vida social de la República.
Pero ¿a qué lamentarnos? Aún espero que en el último momento despierten los que no quieren dejar el sueño. Será tarde. Nuestros elementos estarán dispersos. Los hombres habrán caído en un desaliento enervador. Nada eficaz se hará.
Sin embargo, una agitación nueva nos dará nuevo brío, y acaso una lección más haga a la experiencia tan elocuente para los otros como lo es para V. y para mí.
Con motivo de la malhadada cuestión de los Seminarios y otros incidentes, he tenido varias entrevistas con el Arzobispo, y le he hablado con la mayor franqueza, sin disimularle nada de lo que pienso sobre la situación, sobre el porvenir, ni sobre los deberes, que en mi sentir, incumben a los Prelados, al clero, y a los fieles laicos, que no pueden actuar sino como auxiliares de la Iglesia, y están totalmente desarmados mientras la Iglesia calla. En teoría, él acepta mi modo de ver, pero no parece comprender que esos juicios no son temas de conversación ni proposiciones académicas, sino reglas de conducta.
Con aceptarlo, sin embargo, me deja plena libertad de palabra para reproducirlos y ampliarlos sin impertinencia, lo cual es poco, pero es algo.
(…)
Todo autoriza a creer que la cuestión del matrimonio civil no se hará  esperar mucho. Conferencié también extensamente sobre este punto.
Esa innovación, díjele en suma al Prelado, es la única que falta para completar en el país el programa del liberalismo. ¿Qué quedará después de adoptada? . . . El Patronato usurpado y abusivo, es decir, la servidumbre. Y como ella entra en el plan del actual Gobierno, es evidente que ese Gobierno es, como lo he pensado y dicho sin cesar, un Gobierno liberal, solapado a ratos, cínico a otros, anticatólico sin duda.
Si pues el Estado, lejos de ser auxiliar de la Iglesia, continúa siéndole hostil, la Iglesia necesita obrar directamente sobre el pueblo cristiano para defenderse y restaurar el Reino de Cristo. También adhiere el Arzobispo a ésto, pero en cuanto no sale del estado de máxima especulativa para pasar al de móvil de acción y criterio de política. Le arredra la censura de los tímidos y de los tibios.Los Obispos y los católicos, le repliqué, sólo tienen que arrepentirse de no provocar más a menudo esa censura.
Yo admitiría una política conciliatoria si ella condujera a salvar  instituciones cristianas esenciales. Pero dado el matrimonio civil, y cuando el matrimonio civil se discute, nada tenemos ya que perder. — Cuento por nada el presupuesto del Culto, y es nada; es menos que nada: es el pretexto de la tiranía secular sobre nuestra Santa Madre la Iglesia.
A pesar de todo, en el momento decisivo el Sr. Aneiros será lo que su deber y su alma sacerdotal y fidelísima le obligan a ser: el primer guardián de la Verdad: un Obispo, es decir, un invencible.
Esperemos.
Con estos dolores y el deseo de que Dios mitigue los que agobian a su familia, me despido, repitiéndome todo suyo.


J. M. Estrada

ARGENTINA SE SUMERGE EN LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO






El Gobierno de la provincia de Buenos Aires ha autorizado el reconocimiento paterno del primer bebé hispanoamericano que llevará el apellido de dos mujeres y su padre biológico.

Aunque los medios afirman que el bebé es hijo de Susana y Valeria, dos mujeres unidas por ‘matrimonio’ homosexual, lo cierto es que solamente puede ser hijo de una de ellas y de Hernán, amigo de ambas y donante de esperma y, por tanto, padre biológico del niño.

Los tres se han comprometido a criar al bebé por lo que el Registro provincial de las Personas de Buenos Aires ha accedido a ponerle los apellidos de los tres.

¿Puede un niño ser hijo de tres personas? La naturaleza nos dice que no. Lo más curioso es que cuando el trío protagonista de esta historia presentó ante el Registro de las Personas solicitud de reconocimiento para el niño, los argumentos que aportaron fueron que deseaban garantizar al niño su derecho a la identidad integral (¿?), al reconocimiento de su realidad familiar y al derecho (¿?) a ser reconocido como hijo de sus dos madres y de su padre. Parece que estos pobres incautos han caído con todo su peso en las redes de la ideología de género y del homosexualismo político. Lo triste es que tenga que haber una víctima, el niño.



LA ERA DEL DEMONIO: ABORTISTAS CHILENAS


En una descarada muestra de perversidad sin límites, un grupo de mujeres abortistas chilenas autodenominadas Miles Chile, “enseñan” las formas de provocarse ellas mismas accidentes de forma que pierdan sus embarazos.

Esto se puede ver nada más y nada menos en la página de “Yahoo Noticias” (aquí) con el título de “Aprende a abortar y que parezca un accidente”.

 En dicha publicación se señala que “estos tutoriales son métodos reales usados por las mujeres que desean interrumpir sus embarazos sorteando la ley”. Agregando esta agencia de noticias que:“Se calcula que cada año 150.000 mujeres recurren a estas medidas desesperadas y que muchas acaban muriendo a consecuencia de los impactos, una dramática estadística que buscan reducir con la campaña. El debate está servido…”; promoviendo así el debate sobre la despenalización del infanticidio;hoy ilegal (a pesar de la presidente chilena abortista), sin que podamos esperar que se hagan presentaciones para detener esta apología del delito, ni mucho menos a la jerarquía eclesiástica defendiendo la vida en su estado de mayor indefensión e inocencia, ya que siguen las sugerencias de Bergoglio: “No podemos insistir solo en las cuestiones relacionadas con el aborto, el matrimonio homosexual y el uso de los métodos anticonceptivos. Esto no es posible. ...y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario hablar de ello constantemente” (aquí)

Kyrie Eleison

Augusto


HILLARY CLINTON AFIRMA QUE ES PRECISO CAMBIAR LAS CREENCIAS RELIGIOSAS PARA EXPANDIR EL ABORTO







Hillary Clinton afirma que es preciso cambiar las creencias religiosas para expandir el aborto. La candidata norteamericana asevera que ya no es suficiente con legalizar el aborto. Insiste en la necesidad de cambiar las creencias religiosas de aquellos que aún se resisten a la cultura de la muerte. ¡Y esta es la que se postula como próxima Presidenta de EEUU! Con ayuda, por supuesto, del lobby abortista.

lunes, 27 de abril de 2015

DOMINICOS DE AVRILLÉ: CUANDO SATANÁS SUEÑA DESPIERTO



LE SEL DE LA TERRE N° 92 en el sitio oficial de los Dominicos de Avrillé

Cuando Satanás sueña despierto





El «famoso» sueño masónico (1934)

En el séptimo volumen de la serie Los Hombres de buena voluntad, el novelista Jules Romains se detiene en la masonería con una evidente complacencia. La obra se titula A la búsqueda de una iglesia [1].

Para neutralizar las críticas, primero la masonería es presentada de manera satírica: uno de los personajes de la novela, antiguo masón, pone en ridículo los ritos de su logia. Pero la presentación positiva viene más tarde. Un verdadero masón, muy simpático, devela su ideal: La construcción del Templo, es decir, de la nueva humanidad, unida finalmente en la justicia, la paz y la fraternidad.

A esta construcción, la misma Iglesia católica es llamada a colaborar, siempre que renuncie a su feroz intransigencia. Y la eminencia masónica enuncia el “famoso sueño” de su secta:

Será necesario que en uno u otro momento, la cuestión se arregle entre la Iglesia y nosotros… Yo no desespero por una alianza tarde o temprano… una alianza más o menos oculta… Nosotros somos, ellos y nosotros, los únicos soldados del Universal y también del Espiritual… ¿Por qué su Dios no podría tolerar nuestro joven arquitecto? Solo debe dejarle a él este mundo y conservar para sí el otro mundo… ¿No lo cree usted?-Lo que usted le ofrece ¿es una situación de Dios en exilio? -Tal vez, pero con grandes honores […] Bien, veremos… ¿Conoce usted el famoso sueño del papa, que, un día, será uno de los nuestros?

El alto iniciado concluye alegremente: « ¡Nosotros ya tenemos obispos masones!” (pág. 303-304).

Versión judía (1951)

Este sueño masónico tiene también su versión judía. En 1951 un novelista judío (Abraham Moses Klein) describió los diferentes ideales que entusiasmaron sucesivamente a sus correligionarios durante la primera mitad del siglo 20. El héroe de la novela, Melech Davison, pasa del estudio asiduo del Talmud al entusiasmo comunista, antes de mudar a militante sionista. De cuando en cuando, es brevemente atraído por el cristianismo. Él resiste a la tentación, pero su sobrino, que lo ignora, está embargado de angustia con la idea de esta conversión: “Tío Melech ¿habrá dado el paso impensable?” Para vencer su miedo, se abandona al sueño: tío Melech se ha convertido no solo en cristiano, sino en papa; y él emplea su autoridad para transformar la Iglesia, unificando el judaísmo, el cristianismo y el islam en una nueva “trinidad”:

Vi entonces a Su Santidad Melech sentado sobre el trono papal, su origen judío permanecía en él como una fuerza activa aunque secreta. Yo lo vi cumplir completamente el ciclo anual de las ceremonias religiosas y, reinando sobre todos los reinos espirituales, ejercer su influencia y dar su sanción a las cosas temporales. […] Ahora, investido de los plenos poderes de su infalibilidad, tío Melech proclamó a la humanidad: la abolición de todos los dogmas, a excepción del mandamiento divino de la fe; la reunión de las religiones: el cristianismo, el judaísmo, el mahometismo, trinidad hecha una. Mientras que los períodos latinos de la encíclica rodaban en mi imaginación, el mundo parecía recreado de nuevo, y su labor, como la creación inicial, se calmaba en la armonía del universo, en el sabbat de la paz universal [2].

Los precedentes

VERSIÓN CARBONARIA (1824) –Nada de nuevo, dirán aquí los lectores de Sel de la terre. La “revolución en tiara y capa” y el “papa según nuestras necesidades” fueron evocadas desde 1820 por la Alta Venta de los Carbonarios.
Los papeles incautados por la policía vaticana de Gregorio XVI (y publicados en 1859 por orden de Pío IX), son muy claros. Notablemente en una carta escrita el 3 de abril de 1824 por uno de los jefes de la organización secreta:

Nosotros debemos hacer la educación inmoral de la Iglesia y llegar, por pequeños medios bien graduados aunque bastante mal definidos, al triunfo de la idea revolucionaria por un papa. En este proyecto, que siempre me ha parecido de un cálculo sobrehumano, todavía caminamos tanteando [3] (…)

VERSIÓN OCULTISTA (1862) -Eliphas Lévi (seudónimo del diácono apóstata Alphonse-Louis Constant, 1810-1875), inventor del término “ocultismo” y autor de un Ritual de Alta Magia (que él practicaba asiduamente), anunciaba en una carta del 21 de enero de 1862:

DOMINICOS DE AVRILLÉ: LA IMPORTANCIA DE LOS PRINCIPIOS



Mons. Freppel - Card. Pie - Dom Gueranger




Le Sel de la Terre n° 92, en el sitio oficial de los Dominicos de Avrillé.

Editorial
La importancia de los principios

En una sociedad que se hunde de todas partes, me pareció que por principio, hay que enderezar las ideas. Lo que se necesita, es mejorar el fondo de las cosas a la luz de los principios. No hay otra regla de reforma que el buscar la verdad y confesarla pase lo que pase (Fréderic Le Play en 1865[1]).

Sepamos reconocer finalmente que el abandono de los principios es la verdadera causa de nuestros desastres (Conde de Chambord, el 8 de mayo de 1871[2]).


MONSEÑOR CHARLES-EMILE FREPPEL (1827-1891, obispo de Angers a partir de 1870) señalaba la importancia de los principios:

La mayor desgracia para un siglo o para un país, es el abandono o disminución de la verdad. Podemos recuperarnos de todo lo demás, pero jamás nos recuperamos del sacrificio de los principios. Los caracteres pueden desviarse en momentos determinados, y la moral pública puede recibir algunos ataques del vicio o del mal ejemplo, pero nada está perdido mientras que las verdaderas doctrinas permanezcan de pie en su integridad. Con ellas, todo podrá rehacerse tarde o temprano, los hombres y las instituciones, porque siempre somos capaces de regresar al bien cuando no hemos abandonado la verdad. Lo que suprimiría hasta la misma esperanza de salvación, sería la deserción de los principios, fuera de los cuales nada sólido ni durable puede edificarse. Así, el más grande servicio que el hombre puede dar a sus semejantes en épocas de desfallecimiento o de oscurecimiento, es el afirmar la verdad sin temor, incluso si no lo escuchan; pues es un rayo de luz que él abre a través de las inteligencias; y si su voz no llega a dominar los ruidos del momento, por lo menos ésta será acogida en el futuro como la mensajera de salvación[3].

¿De qué principios se trata?

En filosofía tomista, se define así el principio: “Es a partir del cual alguna cosa procede, de una manera o de otra -id a quo aliquid procedit quocumque modo. »

Por ejemplo, el punto es el principio de la línea que lo prolonga, la mañana es el principio del día que le sigue, el Padre es el principio del Hijo en la Santísima Trinidad, el fuego es el principio del calor (de manera general, la causa es el principio de su efecto), etc.

Cuando hablamos de la importancia de los principios, queremos hablar de los principios del razonamiento. Estos son de dos clases: los principios especulativos, que están en la base de las ciencias, y los principios prácticos, que son el fundamento de la moral.

En la cita de Mons. Freppel, donde trata de “moral pública” y de las “instituciones”, el contexto muestra que se trata de principios prácticos, es decir, las principales verdades de la doctrina moral y política. El Syllabus de Pio IX es un ejemplo de tales principios[4]. El Decálogo es en sí mismo un enunciado de los principios de la moral.

¿Son inmutables los principios?

No es porque hablamos de principios prácticos -en oposición a los principios especulativos en el origen de las ciencias especulativas- que se debe imaginar que estos principios solo tienen un valor relativo.

Leemos en una revista reciente de la Tradición que el principio de orden práctico -a diferencia del principio especulativo- sería “doble” y que “las verdades que se derivan de un doble principio de orden práctico” serían entonces “relativas”.

ANTILIBERALISMO


 “Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no porque todo lo demás viene del maligno”.

Mt. 5, 37



“Lo que alabamos más en vuestra empresa religiosa es que estáis llenos de aversión contra los principios católico-liberales, que tratáis de borrar de las inteligencias tanto cuanto está a vuestro alcance. Aquellos que están imbuidos de esos principios parecen consagrarse a la defensa de la Iglesia, pero no trabajan menos en pervertir su espíritu y su doctrina, y cada uno de ellos, según la manera de ser particular propende a ponerse al servicio o de César o de los que inventan derechos en favor de la falsa libertad”.

Pío IX


“Quienquiera que ama la verdad aborrece el error y este aborrecimiento del error es la piedra de toque mediante la cual se reconoce el amor a la verdad.
Si no amáis la verdad, podréis decir que la amáis e incluso hacerlo creer a los demás; pero estad seguros que, en ese caso, careceréis de horror a lo que es falso, y por ésta señal se reconocerá que no amáis la verdad”.

Ernest Hello



“Dios ciega a los que no resisten el error, a los que no quieren defender la verdad”.

Mons. Lefebvre



 “No es suficiente aclarar el espíritu, es necesario también depurar el corazón, a fin de que el espíritu pueda recibir y conservar la luz. En general, todas las inclinaciones perversas que alteran la pureza del corazón, alteran la penetración del espíritu y lo ofuscan; es el privilegio de un corazón puro el ver en todo su esplendor la luz de Dios. Dos vicios, más que todos los otros, han hundido a nuestro siglo en las tinieblas, estos son el orgullo y la impureza”.

R. P. de Clorivière



“Es imposible amar profundamente la verdad sin detestar la mentira; amar de corazón el bien, y el soberano Bien que es Dios, sin que a la vez detestemos lo que nos separa de Dios.”

R.P. Garrigou-Lagrange, O.P.


“La tolerancia se aplica a las personas pero nunca a los principios... Nada hay más exclusivo que la verdad. Debemos ser intolerantes con la verdad porque ésta es hechura de Dios y no nuestra... La intolerancia es esencial cuando las verdades están en peligro. Cuanto más Divina es la verdad más intolerantes debemos ser con el error”.

Mons. Fulton Sheen, “Cuerpo Místico de Cristo”.

  

domingo, 26 de abril de 2015

COMENTARIOS ELEISON - ¡LA CULTURA IMPORTA!




Número CDVI (406)
25 de abril de 2015

¡La Cultura Importa!

Mons. Williamson



Vengan a escuchar al Dr. White, si es todavía posible,
Para relacionar correctamente la verdadera Fe con el hombre moderno.

Desde el Viernes 1ero de Mayo a la tarde hasta el Domingo 3 de Mayo al mediodía, tendrá lugar aquí, en la Casa Reina de los Mártires en Broadstairs, otra Sesión a cargo del Dr. David White, tal como el año pasado sobre Charles Dickens, así este año sobre T.S. Eliot (1888–1965), otro gigante de la literatura inglesa con una conexión directa a este rincón de Inglaterra. Fue en un pabellón al aire libre con vista sobre la playa de Margate, cerca de 8 kms. al norte de Broadstairs, que entre Octubre y Noviembre de 1921 el mundialmente famoso poeta anglo-americano logró de nuevo escribir, y compuso unas 50 líneas de la tercera de las cinco partes del poema más influyente del siglo 20mo, al menos en el idioma inglés, La Tierra Baldía (1922).

El poema es un retrato brillante del vacío en los corazones y mentes de los hombres inmediatamente después de la Primer Guerra Mundial (1914–1918). En La Tierra Baldía Eliot fragua una manera nueva, fragmentaria, de escribir poesía, manera que capturó la condición espiritual rota del hombre moderno. Por su amplio y profundo asidero de las obras maestras artísticas del pasado, notablemente Dante y Shakespeare, Eliot pudo dar forma a la pobreza espiritual de hoy en día. Por ejemplo, en las seis líneas del poema que están claramente conectadas a Margate, una de tres niñas de la clase trabajadora cuenta como ella dio su honor por nada, y para resaltar el vacío en las vidas de las tres doncellas, las palabras de ellas están enmarcadas dentro de fragmentos de la canción de las tres doncellas del Rin que abre y cierra la visión cósmica de la épica El Anillo de los Nibelungos de Wagner.

El vacío y la nada. ¿Por qué diantres deben los Católicos ocuparse con autores tan deprimentes? La salvación es por Nuestro Señor Jesucristo, no por la cultura, especialmente no por cultura nihilista. Una respuesta particular concierne a T.S. Eliot. Una respuesta general concierne a toda la “cultura”, definida como aquellas novelas, pinturas y música con las cuales todos los hombres de todas las épocas necesariamente alimentan y forman sus corazones y sus mentes.

En cuanto a T.S. Eliot, él mismo pronto descartó La Tierra Baldía como “refunfuño rítmico”, y unos años más tarde él se hizo un miembro de la Iglesia Anglicana. El había otorgado brillante expresión a la nada moderna, pero no se había revolcado en ella. Continuó escribiendo un número de piezas de teatro y especialmente el largo poema de los Cuatro Cuartetos, que bajo ningún concepto son nihilistas, y sobre los cuales también el Dr. White, que ama mucho a Eliot, hablará en Broadstairs dentro de unos pocos días. Habiendo asido el problema honestamente, Eliot no se refugió en ninguna solución de avestruz como lo han hecho muchos Católicos que se han dejado engañar por el Vaticano II.

Pues, ciertamente, la cultura en general es a la religión (o irreligión) como los suburbios de una ciudad son al centro de la ciudad. Y, así como un general militar que tiene que defender a una ciudad sería de lo más tonto al dejar que los suburbios sean ocupados por el enemigo, así cualquier Católico que ama su religión no puede ser indiferente a las novelas, pinturas y música que están moldeando a las almas todo alrededor de él. Por supuesto que la religión (o irreligión) es central a la vida de un hombre, comparada con la cual la “cultura” es periférica, porque la cultura de los hombres es, en el fondo, un producto derivado de su relación con su Dios. Sin embargo la cultura y la religión interactúan. Por ejemplo, ¿si no se hubieran dejado encantar muchos Católicos por la racha de “La novicia rebelde”, hubieran sido tan fácilmente engañados por el Vaticano II? O, ¿si los líderes actuales de la Fraternidad San Pío X, contrastando cultura católica con anti-cultura moderna, hubieran asido la profundidad del problema moderno, estarían ahora tan empeñados en volver bajo los perpetradores del Vaticano II? ¡La cultura puede importar, tanto como el Cielo y el Infierno!

Kyrie eleison.

   

LA ESPIRITUALIDAD BÍBLICA TRANSMITIDA POR MONS. DR. JUAN STRAUBINGER



O


ORACIÓN:
Nos parece que ante la Majestad de Dios necesitásemos quien nos introdujese y recomendase, temerosos de hablar con Él. David, con esta actitud infantil que siempre tiene ante Dios, nos recuerda que Él es nuestro Creador y Padre y el único que conoce nuestros pensamientos (S. 43,22; 138,2 ss., etc.). ¿Con quién podríamos tener mayor intimidad? Jesús, nuestro Mediador (Juan 14,6; Hech. 4,12; I Tim. 2,5), nos confirma mil veces este carácter paternal de Dios y nos dice que para orar privadamente, como “Él ve en lo secreto”, no lo hagamos “en las esquinas de las calles”, sino “al contrario, cuando quieras orar, entra en tu aposento, corre el cerrojo de la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto” (Mat. 6,5 ss.). Esta devoción al Padre “fue la de Jesús” (Mons. Guerry), y si al principio nos cuesta un esfuerzo de fe es porque, como observa Dom Olphe Galliard y confirma Mons. Landrieux, pocos tienen la ventaja de una formación bíblica recibida desde la infancia. Eres Tú quien conoces, etc.: Es decir, que en vano nos agitaríamos en el momento de la preocupación (cf. Ecli. 2,3). No sabríamos descubrir el camino conveniente, en tanto que nuestro Padre lo conoce muy bien y está deseando enseñárnoslo, esperando sólo que sin reservas, como hijos pequeños, nos confiemos a Él aunque no lo veamos materialmente. En esto está el valor de la fe, como lo enseña Jesús (Juan 20,29) y S. Pablo (Hebr. 11,1). Cf. Rom. 1,17 y nota.
(Coment. a S. 141,4).
Y además el Espíritu ayuda a nuestra flaqueza.
Con esta palabra apostólica consuélense los que se lamentan de no poder orar con la perfección necesaria. ¡El Espíritu ora en nosotros! Como dicen los místicos, la oración es tanto más perfecta cuanto más parte tiene en ella Dios y menos el hombre. Es decir que para nosotros es una actividad más bien receptiva y muy poco compatible con la distracción, pues ella está hecha precisamente de atención a lo que Dios obra en nosotros con su actividad divina fecundante. Esa atención no acusa modificaciones sensibles sino que es nuestro acto de fe vuelto hacia las realidades inefables de misericordia, de amor, de perdón, de redención  de gracia que el Esposo obra en nosotros apenas se lo permitimos, pues sabemos que Él siempre está dispuesto, ya sea que lo busquemos –en cuyo caso no rechaza a nadie (Juan 6,37)- o que simplemente lo dejemos entrar, porque Él siempre está llamando a la puerta (Apoc. 3,20), y aun cuando no le abramos, atisba El por lo menos por las celosías. (Cant. 2,9). Cuanto más sabemos y creemos esto, más aumenta nuestra amorosa confianza y más se despierta nuestra atención a las realidades espirituales, hasta hallarse casi constantemente vuelta hacia el mundo interior, no ciertamente el mundo de la introspección psicológica (cfr. I Cor. 2,14 y nota) sino a la contemplación de Jesús “autor y consumador de nuestra fe” (Hebr. 12,2; S. 118,37 y nota). Nuestra vida se vuelve entonces un acto cuasi permanente de esa “fe que es la vida del justo” (1,17), animada por la caridad (Gál. 5,6) y sostenida por la esperanza (5,5; Fil. 3,20s.; I Tes. 4,16; 5,8; Tito 2,13; I Juan 3,3). Nuestro mayor empeño entonces lejos de llevarnos en la oración a una gárrula e importuna actividad, está precisamente en no poner límites a cuanto Dios quiera obrar en nuestra alma (II Cor. 5,13 y nota), aunque a veces no lo percibamos. Para ello no hay nada que ayude tanto como el trato continuo con la Escritura, pues si en esa oración escuchamos constantemente a Dios, no es que se trate de nuevas o milagrosas revelaciones individuales, sino que se actualizan en nuestra mente o en nuestra memoria las palabras que el Espíritu Santo “nos habló por los profetas” y por Jesús (Juan 14,26 y nota; Hebr. 1,1 s.) adquiriendo sentidos cada vez más claros, más atrayentes y más profundos, en esa rumia que es lo que David llama la bienaventuranza del que día y noche medita la Palabra de Dios (S. 1,1 ss.). No era otra la vida de oración de la Virgen María, según nos lo indica por dos veces S. Lucas en 2,19 y 51, y una vez el mismo Jesús (Luc. 11,28 y nota), y según lo revela ella misma en su himno el Magníficat (Luc. 1,47 ss.), pues está hecho todo con palabras de la Escritura que Ella recordó en ese momento, por obra del Espíritu Santo.
(Coment. a Rom. 8,26).
Al considerar las características de la piedad cristiana hemos de recordar en primer término que no oramos solos, ni como individuos aislados, ni sólo como representantes de una comunidad o de un pueblo, sino como miembros de un Cuerpo Místico, cuya cabeza es Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. "Per Christum Dominum nostrum" -por Jesucristo, nuestro Señor- elevamos nuestras oraciones a Dios, y en esto se distingue fundamentalmente la oración cristiana de las preces formuladas por los adeptos de otras religiones.
No es nuestro "yo" el que da valor a la oración, sino la unión del "yo" humano con el divino Mediador, que se hizo sustituto nuestro ante el Padre. Por eso dice El mismo, según San Juan XV, 5: "Sin Mí nada podéis hacer"; y San Pablo agrega que el que nos anima y capacita para pronunciar el nombre del divino Sustituto es el Espíritu Santo, quien es a la vez el glorificador de Jesús (cf. Juan XVI, 14): "Nadie puede decir que Jesús es el Señor sino por el Espíritu Santo" (I Cor. XII, 5). Es pues, por Jesucristo y su Santo Espíritu, que dirigimos nuestras oraciones al Padre, como el mismo Apóstol lo expresa en la Carta a los Romanos: "No sabemos qué hemos de pedir en nuestras oraciones, ni cómo conviene hacerlo; el mismo Espíritu hace nuestras peticiones con gemidos que son inexplicables" (Rom. VIII, 26).
Es ésta una gran luz para los flacos en la fe y en la confianza, que no creen en la eficacia de la oración o se creen incapaces de orar sin distracción. ¡Cristo y el Espíritu Santo nos ayudan! Y sus acentos dan gracia a nuestro balbuceo ante el Padre. Todo al revés del mezquino concepto que tal vez nos hemos formado de la parte divina en nuestros actos de piedad, como si Dios, después de la creación del mundo, se hubiese entregado a la pasividad, para que la actividad humana se manifieste sin trabas. En realidad es la oración tanto más perfecta cuanto más parte tiene en ella Dios y menos el hombre.