martes, 21 de octubre de 2014

RIBETON, RIFAN, FELLAY: ¿UN MISMO ESPÍRITU?




El Padre Ribeton es el superior del distrito de Francia de la Fraternidad San Pedro. Monseñor Rifan es el Ordinario de la Administración apostólica personal San Juan María Vianney de Campos y Monseñor Fellay es el superior de la FSSPX.

Todos se creen testigos de la Tradición católica, pero todos tienen un discurso que sufre de la misma omisión: denuncian, más o menos, los errores pero sin denunciar los fautores de errores, pues todos ven en la Roma actual, “la Roma eterna, la Iglesia madre y maestra de la verdad”.

El Padre Ribeton (¿y tal vez Monseñor Fellay en 30 años?) ha expresado últimamente su gratitud hacia Juan Pablo II. La Fraternidad San Pedro “se alegra del reconocimiento de la santidad de dos de los sucesores de San Pedro”. Fue Juan Pablo II quien “alentó a los fundadores” de la FSSP en 1988, fue él quien afirmó “la legitimidad del apego a la liturgia romana tradicional y pidió a los obispos respetar las justas aspiraciones de los fieles. Fue él quien “invirtió el movimiento de secularización” “provocó la caída del comunismo en Europa”. “Denunciando la cultura de la muerte, las estructuras de pecado y la deriva totalitaria de las democracias modernas, despertó las conciencias dormidas, inspirando la acción de los católicos en favor de la familia y de la vida”. Juan Pablo II nos “muestra el camino que conduce a la contemplación del esplendor de la verdad” concluye el Padre Ribeton. (Carta a los amigos y benefactores n°75, junio de 2014)

Mons. Rifán, (¿y tal vez Mons. Fellay en 15 años?) pudo celebrar la fiesta de Cristo Rey en la Basílica Sainte-Marie-sur-la-Minerve el 27 de octubre de 2013:

« Esta Misa pontifical solemne, celebra el final de la peregrinación “Summorum Pontificum” de los católicos ligados a la forma tradicional del rito romano, universalmente permitido por el Santo Padre Benedicto XVI en su Motu Proprio Summorum Pontificum. Nosotros estamos en el Año de la Fe, proclamado por Benedicto XVI y continuado por el papa Francisco. Nuestra fe, como lo expresa bien la carta apostólica Porta Fidei, debe ser profesada, vivida, celebrada y orada. (…) Nuestra fidelidad a la Santa Misa en la forma tradicional del rito romano está dictada por nuestra fe. Es esta profesión de fe, profesada y celebrada a través de la Misa tradicional, que nosotros ofrecemos al Santo Padre como prueba de nuestra fidelidad a la Santa Iglesia. (…) Que el Santo Padre vea, en nuestra forma litúrgica, la expresión de nuestra plena comunión con él y con la Iglesia”.

En la segunda parte de la homilía, Monseñor Rifán invitó a permanecer confiados en la victoria final de Nuestro Señor Jesucristo frente a “la ofensiva laicista”, tan violenta y odiosa. Pero nada contra la misa bastarda, nada contra la impostura del Vaticano II, su libertad religiosa, su falsa dignidad humana y sus reformas calamitosas que han ayudado a la ofensiva laicista y masónica.

Monseñor Fellay todavía no llega a eso. El “contexto actual de la Fraternidad” no lo permite. En su Carta a los Amigos y Benefactores n°82 (DICI, 13 de abril de 2014), él “denuncia los errores contenidos en los documentos del concilio Vaticano II y en las reformas que le siguieron, especialmente la reforma litúrgica” que “no pueden ser obra del Espíritu Santo, que es a la vez Espíritu de verdad y de santidad”.

Monseñor Fellay « protesta » también « con fuerza contra las canonizaciones ». Pero si de manera cuidadosa habló de esto antes del acontecimiento (de manera condicional), no juzgó útil, después del acontecimiento, el denunciar por medio de un comunicado oficial, al principal responsable de esta impostura escandalosa.

“Si las canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo II tienen lugar el 27 de abril próximo, plantearán a la conciencia de los católicos un doble problema. En primer lugar, un problema sobre la canonización en cuanto tal: ¿cómo se podrá presentar a toda la Iglesia como modelo de santidad, por un lado, al iniciador del Concilio Vaticano II, y por otro, al Papa de Asís y de los derechos del hombre?(…) ¿cómo se podrán refrendar con el sello de la santidad las enseñanzas de tal Concilio, que inspiraron toda la actividad de Karol Wojtyla, y cuyos frutos nefastos son el signo inequívoco de la autodestrucción de la Iglesia?”

Hablando antes, Mons. Fellay intenta tranquilizar a sus tropas. Callándose después, Monseñor Fellay muestra su respeto por la autoridad de Francisco. En estas condiciones, pedir a Roma que “nos reconozca explícitamente… el derecho y el deber de oponernos públicamente a los errores y a los fautores de estos errores, sean quienes fueren” señala la impostura (Declaración de los 3 obispos). ¿Por qué Mons. Fellay haría después de un reconocimiento o regularización lo que se niega hacer antes? Monseñor Lefebvre fue menos sutil cuando hablaba de Juan Pablo II:

Entonces, quién es este papa… Yo no sé qué decirles, verdaderamente… no lo sé… Pero en todo caso él está inspirado por el diablo cuando hace esto… No está inspirado por el Espíritu Santo, no es posible… Él está inspirado por el diablo, y al servicio de la masonería, es evidente. La masonería siempre ha soñado esto: la reunión de todas las religiones” (Conferencia en Ecône del 28-01-1986).

La conclusión de la carta de Mons. Fellay se siente tranquilizadora y triunfante: Por eso, queridos amigos y benefactores, los invitamos a permanecer firmes en la fe y a no dejarse perturbar por las novedades de una de las crisis más formidables que debe atravesar la santa Iglesia. (…) in Te speravi non confundar in aeternum.  ¡Dígnese el Corazón doloroso e inmaculado de María protegernos y que su triunfo llegue pronto!” La de Mons. Rifán fue del mismo estilo: “Confiados en la protección de Nuestra Santísima Madre, continuamos combatiendo. La victoria es segura: ¡Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat! Así sea ».

Es bueno predicar la victoria, pero no se debe olvidar desenmascarar a los enemigos exteriores e interiores de la Iglesia y de tener el valor de combatirlos eficazmente.

El Padre Ribeton, Mons. Rifán y Mons. Fellay, todos ellos actúan como si la iglesia conciliar fuera la Iglesia Católica, ni más ni menos.

“Repito hoy que queremos aportar nuestro testimonio: si la Iglesia quiere salir de la crisis trágica que atraviesa, la Tradición es la respuesta a esta crisis. De esta manera manifestamos nuestra piedad filial para con la Roma eterna, para con la Iglesia, Madre y Maestra de verdad, a la que estamos profundamente unidos”. (Mons. Fellay, DICI del 3/10/14).

Aunque lo diga Mons. Fellay, no es suficiente ir a Roma como Mons. Lefebvre para seguir verdaderamente su ejemplo. Monseñor Lefebvre no era un perro mudo con discursos tranquilizadores:




R.P. ALTAMIRA: EL SÍNODO EN ROMA SOBRE LA FAMILIA.- PAULO VI "BEATO".


El Sínodo en Roma sobre la Familia. Paulo VI “beato” 
(sermón; Bogotá, domingo 19 de octubre de 2014)

(Introducción)

Queridos hijos:

   Durante estas dos semanas ha sido una gran noticia en la prensa mundial todo lo concerniente al Sínodo sobre la Familia, organizado en Roma por Francisco, con la participación de cardenales y obispos; unos 200. Terminó hoy, con la –muy entre comillas- “beatificación” de Paulo VI. El texto final fue “votado” ayer, aunque se dará a conocer recién en el transcurso de esta semana.

   Tantas cosas hay para decir sobre este Sínodo. Pero en definitiva, todo lo ocurrido no hace sino mostrar más el estado en que estamos los católicos, lo que padecemos. Son otras nuevas consecuencias salidas de las raíces o principios del Concilio Vaticano II, “con el cual y a partir del cual, han creado una nueva falsa religiónuna falsificación del Catolicismo, dañando y engañando a tantas almas.

   Veamos primero la diafanidad y la hermosura de la Verdad, de la doctrina católica, para pasar luego a las cosas de Francisco y de este Sínodo de la “Religión Conciliar”.

(Cuerpo 1: La doctrina católica, la Verdad)
   Comparemos qué es lo que enseña la doctrina católica, la Verdad, con lo ocurrido en el Sínodo.

   (a) Sobre el Sacramento del Matrimonio:
   La Verdad nos enseña que Dios Nuestro Señor dispuso que, para sus hijos los católicos, “el único Matrimonio válido es el Sacramento contraído ante la Iglesia”. La unión libre, el concubinato, el matrimonio sólo civil de católicos, son acciones malas, constituyen un pecado mortal. Y el pecado mortal conlleva la condenación eterna en el Infierno si uno muere sin arrepentimiento, sin la Confesión –como regla-. Y estas cosas (el arrepentimiento, la Confesión) piden obviamente la “enmienda”, “cambiar”, dejar esos pecados.
   Por caridad y misericordia, uno no trata mal a las personas que están viviendo así. Pero, ¡por caridad y misericordia!, uno les dice que eso está mal, y debe intentar que se confiesen y que dejen esos “estilos de vida”.
   Es una anti-caridad y una anti-misericordia, decirles o insinuarles que eso está bien, o dejarlos así. El Sínodo, los obispos y Francisco han insinuado (o dicho) esta anti-caridad y esta anti-misericordia.
   Las verdaderas caridad y misericordia nunca pueden ir contra la Verdad.


   (b) Los separados o divorciados que han formado nueva pareja, “rehacer sus vidas” como se dice hoy:
   La Verdad, el Catolicismo, nos enseña que el Matrimonio es para toda la vida y que hay que ser fieles al esposo o esposa. Esas personas están en pecado mortal. Lo que hacen es contra la fidelidad: Viven con quien no es su esposa o esposo, en estado de adulterio. Y es contra la indisolubilidad: Viven como si no estuvieran ligados con el vínculo. Es un estado similar al concubinato.
   Por caridad y misericordia, uno no los trata mal. Pero, ¡por caridad y misericordia!, uno debe intentar que se confiesen y que dejen de cometer los pecados que esto envuelve.
   Es una anti-caridad y anti-misericordia, decirles o insinuarles que está todo bien. El Sínodo, los obispos y Francisco han realizado esta anti-caridad y anti-misericordia: Es estar viendo que pueden ir al Infierno y no hacer ni decir nada. “Linda caridad y linda misericordia”.
   ¿Se les puede dar la comunión? Si se han arrepentido, si se han confesado, si han reparado, y si dejan de hacer los pecados que allí se cometen, sí. De lo contrario: No.

P. HUGO RUIZ V.- SERMÓN DOMINGO 19 DE PENTECOSTÉS.


POR EL AMOR




“Persígnense todos con la señal de la cruz de Cristo, respondan todos Amén, canten todos Aleluya, bautícense todos, entren a las iglesias, hagan las paredes de las basílicas, pero no se distinguirán los hijos de Dios de los hijos del diablo sino por el amor”.


San Agustín

EL FEMINISMO, MUERTE DE LAS NACIONES





Revista sí sí no no (Edición española) n. 189, Abril 2008.


La emancipación femenina, motor de la decadencia actual

Una primera consideración concierne al papel decisivo que, en el ocaso actual, ha jugado y sigue jugando la denominada emancipación de la mujer. Monseñor Williamson llega a ella por un camino original, pues parte de la religiosidad presente en la música de Wagner, que podía así “ofrecer una dimensión religiosa sin la fe, o sea, un sucedáneo de redención”, cuyo instrumento era, en el fondo, “la mujer, sobre todo en El Holandés Errante y en el ciclo de El Anillo del Nibelungo”. En efecto, las protagonistas de ciertos dramas wagnerianos llevaban a cabo una acción “redentora” respecto del hombre. Pero esta acción redentora cesó con la emancipación (aunque no sobre la escena) y se trocó en su contrario. Mas ¿por qué la mujer podía aun ser vista como “redentora” en el siglo XIX? “Porque –explica Su Excelencia- según San Pablo (I Cor. 2), así como Cristo es cabeza del hombre, así y por igual manera el hombre es cabeza de la mujer. Ahora bien, se puede afirmar que, desde la época de la Revolución Francesa, el hombre moderno renegó, en general, del señorío de Cristo. Sin embargo, a fin de mantener las cosas, la mujer permaneció bajo la autoridad del hombre durante cierto tiempo. Así “salvó” la mujer la situación por un siglo más o menos, durante el tiempo en el que Wagner escribía sus obras. Pero en el siglo XX dijo que ya estaba harta, y comenzó su “emancipación”. ¡Desde entonces, los fundamentos de la sociedad y de la moral comenzaron a arruinarse sin cesar!”.

Durante la Revolución Francesa, anoto por mi parte, el feminismo ya intentó alzar la cabeza, pero Robespierre hizo guillotinar en seguida a su principal representante; el movimiento fue abortado así, y tampoco halló espacio para desarrollarse con la “restauración” napoleónica, aunque el Código de Napoleón el Grande introdujo el divorcio, por desdicha, que constituyó, en una sociedad católica, el primer paso hacia la mencionada “emancipación”. Me parece de gran interés que S. Exc. considere a las heroínas wagnerianas como a las últimas representantes, ya harto laicizadas a despecho del ropaje mítico nibelúngico, de un ideal femenino que encontró tal vez su más alta encarnación en el personaje de la Beatriz dantesca. Pero ya se echa de ver la mengua del ideal en las desenvueltas y masculinizadas heroínas de Ariosto. No por nada el poeta reivindica la igualdad de los sexos en su obra Orlando furioso, junto con la consiguiente libertad en punto a comportamiento sentimental, a la cual, según él, tan acreedoras son las mujeres cuanto los hombres.

El vicioso igualitarismo de las feministas

Siempre me he preguntado por qué, cada vez que las mujeres reivindican la igualdad, nunca dejan de exigir al mismo tiempo una libertad sexual absoluta, como si el tipo masculino al cual, según parece, deben equipararse las féminas no pueda ser más que el del libertino, o sea, el del hombre de costumbres disolutas. El hecho es que, en el pasado, se consideraba ya a la mujer, en cuanto prometida, esposa y madre de familia (en suma, en cuanto honrada y virtuosa), se consideraba ya a la mujer, decíamos, igual al hombre en el plano moral y espiritual, si es que no se la reputaba por francamente superior a éste a causa de la capacidad de entrega, aguante, sacrificio y fuerza de ánimo de que hacía gala a menudo. La reivindicación feminista de la igualdad esconde, en realidad, el deseo de poder desahogar libremente los peores instintos de lo que antaño se estigmatizaba como hedonismo burgués. Dicho deseo sólo puede satisfacerse, piensan las feministas, a condición de gozar de independencia económica, una independencia que sólo la igualdad puede garantizar al ser impuesta por la ley en la familia y el trabajo. Pero las legislaciones occidentales no se han contentado con imponer la igualdad de marras, sino que han dado cabida también a las pretensiones más inmorales de las feministas, desde la legalización del uso de la “píldora” al horrendo “matrimonio homosexual” de que tanto se habla hoy, pasando por la facultad de la mujer para abortar ad libitum a gusto, a voluntad.

domingo, 19 de octubre de 2014

COMENTARIOS ELEISON - HISTORIA INTERNA I





18 de octubre de 2014
Número CCCLXXIX (379)

HISTORIA INTERNA – I

Mons. Williamson



Si la Santísima Virgen María nos dice como salvar la Iglesia
Todos los otros medios nos dejarán plantados.

Después de 1917 se le hizo claro al mundo por Nuestra Señora de Fátima que la salvación de la Iglesia y del mundo (“un período de paz”) dependía de dos cosas: no solamente de la Consagración de Rusia a Su Corazón Inmaculado por el Papa con todos los obispos del mundo, sino también por los Católicos haciendo reparación a Su Corazón recibiendo Confesión y Comunión y meditando durante 15 minutos y rezando el Rosario en cada primer sábado del mes. Así es que que ningún Católico piense que no hay nada que ellos puedan hacer para ayudar a la Iglesia y al mundo a salir de sus presentes aterradoras crisis. Cada uno de los Católicos respondiendo a Su segunda súplica ayudará al Papa a responder a Su primer súplica.

Pero esta respuesta no ha sido aún suficiente. Por ejemplo, en los 1930 el Papa Pío XI estaba plenamente consciente de la primer súplica de Nuestra Señora, pero él nunca realizó la Consagración de Rusia. ¿Por qué no? Según el Hermano Miguel de la Santísima Trinidad en su segundo de los excelentes tres volúmenes sobre su Toda la Verdad Sobre Fátima, fue porque Pío XI estaba en ese momento comprometido en contactos diplomáticos con las autoridades rusas en Moscú y él pensó que su propia diplomacia era un mejor camino para tratar con los comunistas que la Consagración de Nuestra Señora. El prefirió el camino humano al camino divino para tratar con el problema y, por supuesto, el problema permaneció irresuelto. El mundo se sumergió en la Segunda Guerra Mundial y la Iglesia fue rota desde adentro por el Vaticano II.

Ahora en los 2010 una historia paralela ha estado saliendo a luz, la de Nuestra Señora apelando a través de una mensajera a Monseñor Fellay para que la Fraternidad San Pío X organice una Cruzada de Rosarios para rezar porque la Consagración de Rusia tenga lugar. Si esta historia es cierta (como yo creo que lo es y algunos otros sacerdotes también lo creen), vale la pena decirla en unos pocos números de estos “Comentarios”, no para desacreditar a Monseñor Fellay (cuya preferencia por los medios humanos es tan comprensible como la de Pío XI – Dios es el juez de ellos) sino a fin de enfatizar cuan urgente la Consagración de Rusia permanece y, especialmente, la devota práctica de los cinco primeros sábados aún casi 100 años más tarde. Pero, ¿es la historia cierta? En particular, ¿cuan confiable es la mensajera?

Yo mismo me encontré con ella varias veces y yo creo que su historia tiene toda probabilidad de ser cierta, primeramente porque ella es una persona seria adulta que da toda señal de estar diciendo la verdad, pero principalmente porque lo que ella dice es una historia interna que se corresponde con, y explica, un gran número de hechos públicos y bien conocidos acontecimientos desde afuera, digamos. En cuanto a la mensajera, los lectores tienen derecho a desconfiar de mi juicio personal, pero en cuanto a la perfecta correspondencia entre la historia interna y los hechos externos, los lectores pueden juzgar por sí mismos.

La historia comienza el Domingo del Buen Pastor de 2004 cuando la Santísima Virgen María se apareció a la mensajera y le dio a ella un mensaje a ser transmitido al Monseñor de la Fraternidad San Pío X. En éste Ella pedía que la FSPX lidere a los fieles en una Cruzada de Rosarios para la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón, esa misma Consagración que el Cielo ha estado pidiendo desde los 1920. En los 2000 la mensajera comprendió que si esto se hacía según Nuestra Señora pedía, se obtendría al final, a través de Ella, las gracias para lograr la tan necesaria Consagración.

En Junio del 2006 la mensajera le dio el mensaje en persona a Monseñor Fellay. El lo discutió con ella pero no sabía aún que de hecho era una directiva de la Madre de Dios. Y, así, en su camino de vuelta a Suiza, él tomó una importante primer decisión. Como dicen los estadounidenses, ¡“Manténganse sintonizados”!

Kyrie eleison.


“LO QUE TENGAS QUE HACER, HAZLO PRONTO”





Por Antonio Caponnetto



SIGNIFICADO DE LA TRAICIÓN

Reunidos en el Cenáculo, Jesús y los apóstoles cenan por última vez, celebrando la postrimera Pascua con el Señor de los Cielos en la tierra.

Escena conocida si las hay, y plasmada en palabras o en lienzos, en frisos y en poemas por los grandes artistas de signo cristiano.

Paradojas del existir en el Evangelio: aunque el centro de aquella reunión era el gozo eucarístico, San Juan nos cuenta que “Jesús se entristeció en el espíritu y protestó exclamando: «en verdad, en verdad os digo, que uno de vosotros me traicionará»” (San Juan, XIII, 21-30).

¿Cómo se explicaba aquella tristeza inefable de Dios? Varias respuestas caben. Desde la de San Agustín que, frente el gesto humano y legítimo de la pena divina, vio rodar por el piso los argumentos estoicos sobre la inmutabilidad del sabio, hasta la de Chesterton que sostuvo que —excepto la risa y por ser tan grande, reservada entonces a los tiempos parusíacos— el Redentor no ocultó ninguno de los sentimientos que brotaban de su naturaleza humana.

La mejor respuesta, sin embargo, nos sigue pareciendo la de San Juan Crisóstomo.

“Cuando una causa urgente —escribe— obliga a separar, antes de recogerse la mies, a algunos de los falsos hermanos, no puede hacerse esto sin que la Iglesia se entristezca”.

Hay una pena inmensa en la Iglesia cada vez que los hermanos que la integran caen en falsía, perjurio o deslealtad manifiesta. ¿Cómo no ha de tener esa pena la insondabilidad de un pozo sin fondo visible, cuando entre los hermanos felones se cuentan muchos de los herederos de los apóstoles y el mismísimo sucesor de Pedro?

Pero sigue distinguiendo el Crisóstomo. El quebranto de Jesús no lo sufrió en la carne cuanto en el alma y antes en el alma que en la osamenta. Porque en tamaña ocasión de escándalo, como lo es la evidencia de la traición, el Señor se turba por la caridad no por el remordimiento. Por la caridad hacia el buen trigo entreverado con la cizaña, y corriendo el riesgo de verse arrancado con aquélla. El Señor se turba por su propia voluntad misericordiosa, no por debilidad. Nadie lo obliga a afligirse —que nadie tiene imperio sobre Él—; su aflicción es voluntaria y consoladora, para cargar sobre sí las debilidades de quienes no pueden sobrellevar tamaña artería y vileza manifiesta.

Es la Revelación de la Tristeza, que nos cantara José María Fernández Unsain:

“Mira cómo lo adorna la divina
tristeza con que luce su belleza…
Mira, Señor, ya baja la neblina,
ya muere, ya nos hiere la tristeza”.

No queremos ocultar nuestra tribulación ante esta Iglesia traicionada por quien debiendo comportarse como el Vicario del Esposo, emula al oscuro desertor de Keriot. Y no trepida en contemporizar desde Roma con los cultores de las costumbres nefandas o del vicio contra natura. Los mismos que provocaron el derrumbe justiciero de aquellas ciudades edificadas sobre el Valle de Sidim, cuando el Dios de los Ejércitos estalló en justificada cólera.

Sólo queremos pedir que nuestra compunción halle sostén en la de Cristo, que para eso nos la ofreció. Que nuestras lágrimas sean un coágulo de cielo en las pupilas, al buen decir de Anzoátegui; asociadas a Aquél que tuvo que llorar ante los muros del lugar sagrado.

Sólo queremos recordar, en suma, que hasta la traición ocupa su lugar en la Pedagogía Divina, y por eso está prevista en las Escrituras, como cuando David se angustia por la deslealtad de Aquitófel, y el salmo canta: “el que come el pan conmigo, levantará contra mí su calcañar” (Salmo 40, 10).

sábado, 18 de octubre de 2014

PAULO VI, EL PAPA QUE CAMBIÓ LA IGLESIA – POR DON LUIGI VILLA


Creemos que no hay mejor oportunidad que esta fecha para volver a publicar este documento revelador del Padre Luigi Villa del cual damos nuevamente su enlace al archivo pdf, para leer detenidamente.



LEER AQUÍ

REFLEXIONES DESPUÉS DEL COMUNICADO DEL 17 DE OCTUBRE.







Las « reservas » de la Casa general de la FSSPX

El 17 de octubre apareció un “comunicado de la Casa general de la FSSPX respecto a la beatificación del papa Paulo VI”. He aquí algunas reflexiones que nos sugiere este documento:

·                  « La Fraternidad Sacerdotal San Pío X quiere expresar sus más serias reservas sobre las beatificaciones y canonizaciones de los últimos Papas»
Encontramos aquí el mismo lenguaje que en los (rarísimos) textos oficiales concernientes a las “canonizaciones” del pasado 27 de abril: Se expresan interrogaciones, dudas, reservas, perplejidad… Monseñor Fellay no habló de seudo canonizaciones, ni pone entre comillas la palabra canonizaciones.  No dijo claramente si estas canonizaciones fueron verdaderas o falsas, válidas o no, solamente que ellas no fueron “serias” o bien que ellas “planteaban un problema”.
Aquí pasa lo mismo: ¿La FSSPX solamente expresa “reservas” –por más “serias” que sean- en la vigilia de la “beatificación” del papa de la nueva misa? La casa general, ¿piensa que el acto que se prepara a hacer Francisco este 19 de octubre será válido? Si no, ¿por qué no utilizar comillas, por qué no declarar francamente que no habrá “beato Paulo VI” como lo hicimos nosotros en nuestro comunicado del día 13?

La FSSPX expresa « reservas »: no manifiesta su indignación y no denuncia el escándalo como tal.

Notemos además que el comunicado, proviniendo de la Casa general, no compromete a Monseñor Fellay en lo personal. ¿No tenía el deber, tanto como superior general de la obra fundada por Monseñor Lefebvre para el combate de la fe, y como obispo católico, de tomar personal y claramente posición en estas circunstancias tan graves?

·                   “Pablo VI es, por cierto, el Papa de la Encíclica Humanae Vitae, que aportó luz y reconfortó a las familias católicas cuando los principios fundamentales del matrimonio eran fuertemente atacados…”
Los « principios fundamentales del matrimonio » han sido “fuertemente atacados” por el concilio Vaticano II, más precisamente por la constitución Gaudium et spes, promulgada por… Paulo VI el 7 de diciembre de 1965. Esta constitución cambió la definición de matrimonio y abrió el camino a la inversión de los fines del matrimonio en el nuevo “código”. Tres años después de Gaudium et spes, la encíclica Humanae vitae no restableció los “principios fundamentales del matrimonio”, de allí la debilidad y las contradicciones internas de este documento que condenó la contracepción. Hay que leer el estudio sobre Humanae vitae publicado por Le Sel de la Terre 75, para comprender que esta encíclica no aportó a las familias católicas toda la “luz” ni las “reconfortó” cuando tanta necesidad tenían de ello.

«…igual que lo han sido — de manera escandalosa — por algunos miembros del Sínodo que está por acabar”. ¿Y el papa? Sabemos el apoyo que les ha dado al cardenal Kasper y a los otros revolucionarios.

Se apreciarán los eufemismos del párrafo siguiente, respecto al Concilio: “liberalismo doctrinal” (¿eso es todo?), trastorno (¿la Revolución francesa, con la cual se ha comparado al Vaticano II, fue un simple trastorno?)

El párrafo sobre la nueva misa es igualmente bastante tímido. Citan dos expresiones de Monseñor Lefebvre, pero se guardan de escoger las más enérgicas.

El párrafo siguiente, hábilmente formulado, da a entender –sin afirmarlo- que el Motu proprio de 2007 sería el feliz resultado del combate de Monseñor Lefebvre. Del resto, es falso afirmar sin más precisiones que por este Motu proprio “fue reconocido el hecho que la misa tridentina jamás fue abrogada”.

En su último párrafo, “siguiendo los pasos de su fundador, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X renueva su adhesión a la Tradición bimilenaria de la Iglesia”. Pero omite renovar, “siguiendo los pasos de su fundador”, su rechazo a “seguir a la Roma de tendencia neo-modernista y neo-protestante” (Declaración del 21 de noviembre de 1974). Desgraciadamente, no es la primera vez que lo constatamos. El odio al error, ¿no es la piedra angular del amor de la verdad?

Esperamos que algunos padres de la FSSPX, este domingo 19 de octubre, no se contenten con expresar “las más serias reservas”, sino que denuncien vigorosamente el gravísimo escándalo que constituye la “beatificación”, por el papa Francisco, de su predecesor de triste memoria.
Padre Bruno



P. BOUCHACOURT: LA FSSPX NO ES RESISTENTE





Hace mucho tiempo que esto lo sabíamos. Inclusive lo habíamos afirmado en un artículo de nuestro blog. Pero es ahora de boca del mismo implicado, el Superior de Distrito de Francia, Padre Bouchacourt, de donde sale la explícita confirmación. La FSSPX ha dejado de resistir, la FSSPX de Mons. Fellay ya no es resistente, como quería Mons. Lefebvre, quien por ejemplo lo decía así:

“En la Iglesia no hay ningún derecho, ninguna jurisdicción que pueda imponer a un cristiano la disminución de su fe, todo fiel puede y debe resistir a aquello que afecte su fe, apoyándose en el catecismo de su niñez. Si se encuentra en presencia de una orden que lo pone en peligro de corromperla, la desobediencia es un deber imperioso.
Tenemos el deber de desobedecer y de conservar la tradición porque estimamos que nuestra fe está en peligro a causa de las reformas y las orientaciones posconciliares. Agreguemos esto: el mayor de los servicios que podamos hacer a la Iglesia y al sucesor de Pedro es repudiar la Iglesia reformada y liberal. Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, ni es liberal ni puede ser reformado”.
(Monseñor Marcel Lefebvre, “Carta abierta a los católicos perplejos”, Capítulo XVIII.)

Ahora el tristemente célebre en estas tierras Padre Bouchacourt, el paniaguado servidor de Menzingen ocupado en expulsar sacerdotes como los Padres Faure, Cardozo, Altamira y Trincado mientras negaba públicamente el deicidio judío; el que vaticinaba una nueva primavera en la Iglesia con el fin del Vaticano II mientras se negaba a responder las requisitorias de los fieles que habían confiado en los sacerdotes de la Fraternidad; el que había llamado Judas a Mons. Williamson porque denunciaba el liberalismo de Monseñor Fellay; ahora habla en Francia como si nada de todo esto hubiera sucedido, y dice sin inmutarse, como un actor consumado del cine francés (Lino Ventura, Michel Piccoli, Pierre Richard, el que Ud. quiera), cosas como estas, en una conferencia:

“Hay que actuar! Acción, acción! El combate actual exige una gran generosidad. No es necesario ser numerosos (cita a los macabeos). No seremos muy numerosos pero tenemos la fe. Tenemos la ayuda de Dios. Si nos apoyamos en Él, si vivimos esta fe, el deseo de combatir con la bandera levantada, entonces tendremos la victoria. Eso es lo que esperamos de nuestros obispos, que nos digan esto, que muestren que llevan el estandarte católico, no medio levantado o medio bajado, por miedo a criticar, por miedo al mundo. (Sí, esto dijo el hombre que por miedo a criticar, por miedo al mundo negó el deicidio judío en una entrevista con el diario más leído de Argentina) Amigos, nosotros no somos resistentes. Los resistentes están acorralados contra un muro, es casi el combate de la desesperación. NO SOMOS RESISTENTES. Somos combatientes”.

Vamos a ir a la última parte de su párrafo con más detenimiento. Es interesante porque como en otras oportunidades el P. Bouchacourt vuelve a proponer una falsa oposición. Pues ser combatiente no es ser lo contrario de ser un resistente. Quien combate tiene momentos en los que debe fundamentalmente atacar, y momentos en los que sobre todo debe resistir. En ningún caso se deja de combatir. Pero el P. Bouchacourt deja en claro que ellos, los de la Nueva Fraternidad, no resisten. Y eso cuando una vez escribió cosas como esta:

“Los adversarios de la Iglesia no cesaron de atacar a lo largo de la historia este magnífico edificio social y religioso. Esta lucha alcanzó su apogeo con la Revolución Francesa (siglo XVIII) y luego con el comunismo y el laicismo, que son sus frutos amargos.
La Iglesia resistió valientemente, dando a luz en su seno a generaciones de santos admirables que atestiguaban el dicho famoso de Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”. La fe siguió difundiéndose a pesar de todo y contra todo.”
(Revista Iesus Christus, Editorial N° 142, Abril/Junio 2013)

Pero parece que, olvidando todo ello, y sintiéndose fuerte, vaya uno a saber por qué, el P. Bouchacourt descalifica a los resistentes porque estarían acorralados contra un muro, desesperados. Seguramente el que alguien como Maximilian Krah esté frente a un muro, pero para rendir homenaje a los “hermanos mayores” (como ha estado en el Muro de los Lamentos de Israel) no le despierta al P. Bouchacourt ningún comentario despectivo, o por lo menos no osa hacerlo público.  El P. Bouchacourt descalifica a los resistentes: ¿lo dirá porque la Neo-FSSPX es atacante? ¿Es combatir el tratar cordialmente a los herejes? ¿Es combatiente o es temerosa la declaración de Menzingen con motivo de la “beatificación” de Pablo VI? ¿Ya no hay enemigos a los que resistir? Pero ese demérito que atribuye a los resistentes es desmentido nada menos que por Santo Tomás. Le vendría bien al Superior de Distrito francés repasar por ejemplo las enseñanzas de Teología Moral que se enseña en los seminarios de la Fraternidad (y ojalá se enseñara también a practicar, además de estudiar):

Los actos de la virtud de fortaleza son dos: el sustinere (resistir o reprimir los temores y mantener al alma firme en los peligros),  y el aggredi (atacar). Y Sto. Tomás, siguiendo a Aristóteles afirma que: “es acto más principal de la [fortaleza] resistir, esto es permanecer inmóvil ante el peligro, que atacar” (Suma Teol. II-II, q. 123, a. 6).
El aggredi, en el pensamiento de Aristóteles significa atacar como más fuerte, y el sustineri resistir al más fuerte que uno. El sustinere comporta la duración en el tiempo (el soportar el mal que dura), mientras que el aggredi consiste en actuar de repente.

De tal manera que aquellos a quienes el P. Bouchacourt quiere desmerecer, son los que están siendo más fuertes con su resistencia ante el más  tremendo avance de la impiedad, las herejías y la apostasía de la iglesia conciliar y el mundo entero. Y los que han dejado de resistir –a confesión de parte, relevo de pruebas-, visto y considerando que tampoco son atacantes, sino muy complacientes y cordiales dialogantes, puede decirse que han abandonado la pelea. El combate de la Neo-FSSPX, en todo caso, se ha reducido a esto: es un combate por conservar las estructuras, la organización y los bienes materiales de la congregación; las apariencias. Y en ese combate tienen un solo enemigo: la verdad.



El combate de la Neo-FSSPX.


SAN ISIDORO DE SEVILLA – DE LA FE





No podemos alcanzar la verdadera felicidad sino mediante la fe; mas es feliz el que con rectitud de fe lleva una vida santa y que con vida santa conserva la rectitud de la fe.


Como de nada aprovecha la fe que se mantiene de palabra, pero no se cree de corazón, así de nada ha de aprovechar la fe que se mantiene en el corazón, si no se pregona con palabras. En efecto, a causa de esta fe recrimina a algunos el profeta cuando dice: Ha perecido la fidelidad, ha desaparecido de su boca (Jer. 7,28). Pues la fe que se cree con el corazón, se proclama con la confesión de la boca para la salud (Rom. 10,10).


Los hombres carnales buscan la fe no como una virtud del alma, sino como un beneficio temporal. Por lo cual dice el Señor: Me andáis buscando no porque visteis milagros, sino porque comisteis los panes (Jn. 6,26).


Algunos, en defensa de la fe, persiguen incluso a los herejes, pero desprecian con insolencia a los fieles que están en el seno de la Iglesia. Refutan, es cierto, a los enemigos de la fe a causa de la infidelidad, pero oprimen a los fieles con el peso de la soberbia.


Cap. XLV Lib. III Sentencias.