viernes, 24 de octubre de 2014

24 DE OCTUBRE – EL ARCÁNGEL SAN RAFAEL




Oh, Dios, que le diste a tu siervo Tobías por compañero de viaje al Arcángel San Rafael; concédenos a nosotros tus siervos que seamos custodiados por él siempre y defendidos con su auxilio. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

EL GOBIERNO DE LA CLASE ABOGADIL – RAMÓN DOLL


Ramón Doll (1896-1970)


En un libro sobre abogacía, de Rafael Bielsa, el autor trilla, aunque muy ligeramente, el tema que ha preocu­pado ya a muchos otros tratadistas de la materia. ¿Son los abogados los hombres más indicados para intervenir en política, para dirigir los negocios públicos?
Con algunas reticencias, Bielsa se inclina a conside­rarlos como los más indicados, y dice que “la versación jurídica del abogado le da cierto ascendiente en todo aquello que sea ciencia de gobierno”. Y en otra parte afirma que “en América el papel del abogado ha sido, sin duda, más eficaz que en los viejos pueblos de Europa.
Desentendiéndonos del resto del libro, que sólo ofrece interés para algunos alumnos de Derecho procesal de la Facultad, digamos que Bielsa ha perdido la oportuni­dad de formular contra el gremio de abogados el cargo más grave: el de su absoluta incapacidad e ineficacia para gobernar y actuar en política.
Los abogados en la política argentina han sido senci­llamente nefastos. Es curioso que, así como se ha traba­jado a la opinión pública durante muchos años para en­señarle a temer al militarismo (predominio en el gobier­no de un espíritu profesional que encarnan los mi­litares), no se haya denunciado nunca y se haya silen­ciado arteramente este otro espíritu profesional, mucho más antisocial, y que podría llamarse el curialismo, pro­ducto de la abundancia de abogados en el manejo de la cosa pública. Gremio por gremio, es mucho más peligro­so el de los abogados que el de los militares, cuando interviene en política; y en la República Argentina bas­taría recordar que, hace apenas un siglo, mientras los militares ganaban con su espada la Banda Oriental, los abogados la perdían como unos imbéciles ante la diplo­macia brasileña.
Digamos, a fuer de sinceros, que militarismo no ha existido nunca en nuestro país, y, en cambio, curialismo o abogadismo eso sí ha existido desde el 53 en adelante. ¿Quién puede negarlo? Ese tipo de político curial, siem­pre con estudio abierto y banca perenne en la Cámara de Diputados, ¿no ha proliferado en el país, no ha sido desiderátum de varias generaciones de muchachos ar­gentinos que aprendían en la Universidad y en las alha­racas de la reforma el arte de la demagogia y del nego­cio curialesco a un tiempo mismo? ¿No es la Facultad de Derecho semillero de diputados nacionales que repar­ten su tiempo entre la banca y el estudio o bufete?
No podemos hacer excepciones con ningún partido po­lítico, por más que algunos conductores como Juan B. Justo hicieron lo posible por retraer a los abogados del Partido de intervenir en litigios privados.
Mas no es nuestro propósito aconsejar aquí normas que pueden pertenecer a la ética profesional. Prohibir o no prohibir a los abogados que ocupan cargos públicos el ejercicio de la profesión es asunto mediano, y el mis­mo Bielsa se muestra reservado en esa materia y acon­seja por ahí una magra restricción de bien poca impor­tancia.
Lo que sostenemos es que el gremio abogadil conforma la mentalidad de sus miembros de tal manera que los hace ineptos, peligrosos y perjudiciales, para la cosa pú­blica.
Considérese que el abogado tiene por función propia la defensa de lo particular, lo individual, lo excepcional, diríamos. Al hablar así no queremos decir que el abogado tenga por misión defender todo aquello que se ha­lle en pugna con la llamada cosa pública o con lo que suele denominarse interés público o social, por oposición a los derechos de los particulares. No. Sabemos que la protección de los intereses particulares es también de alto interés público o social. Lo que queremos decir es que el abogado tiene forzosamente que perder de vista y se acostumbra a desentenderse de toda preocupación sobre los intereses generales de la sociedad, porque su oficio lo habitúa profesionalmente a poner su atención en el beneficio o ventaja individual que una norma general proporciona a su cliente.
Un ejemplo: en toda causa criminal la misión genuina del abogado es tratar de que el criminal escape a sanciones penales que, sin embargo, son de alto interés público y que velan por la tranquilidad y el orden de la población. Es cierto que también hay un no menos alto interés público en que todo acusado se defienda, para evitar la condena de un inocente, pero, en rigor, el abogado tiene que perder de vista esa finalidad de la defensa para concretarse a obtener la libertad, aun de un criminal. En suma, el abogado no puede contemplar más que derechos subjetivos. Profesionalmente no entiende de otros.
Se dirá que todas las profesiones habitúan a lo mismo, y el médico o el curandero subordinarán también la interpretación de una ley de higiene pública a sus hábitos e incurrirían en esa limitación; en cuanto a las demás medidas de orden público, se convierten en el buen hombre de la calle, capaz de juzgar y aplicar desinteresadamente —sin anteojeras profesionales— los actos de gobierno. El abogado, en cambio, tiene por oficio juzgar y, en cierto modo, aplicar todas las leyes, de manera que en la interpretación y aplicación de todas las leyes, su limitación, su miopía y su concepción unilateral del orden jurídico, lo inhabilitan para la defensa desinteresada y apasionada de la ley, en cuanto ésta corporiza un bien general y público y contiene exigencias de la población entera.
Recuerdo la sorpresa que hace años me causó verlo al doctor Antonio de Tomaso defender en los tribunales una interpretación de la ley de alquileres que la desvirtuaba por completo y la convertía en letra muerta, porque retiraba a los inquilinos las ventajas que de Tomaso mismo había preconizado en la Cámara. Y en realidad la contradicción no provenía de ninguna inconsecuencia o inconducta en el mencionado legislador, sino simplemente de la incompatibilidad que hay entre las funciones del político, defensor de intereses difusos en la masa, y del abogado, defensor de un interés concreto y localizado, cuyo triunfo es de rigurosa ética profesional hacerlo prevalecer aun sobre aquellos intereses generales de la masa. No es que el abogado que defiende un interés particular frente al bien público sea un hombre inmoral; al contrario. Es un profesional perfectamente honesto, puesto que está cumpliendo nada más que con su deber. Pero ese mismo abogado es seguro que carece de horizontes para conducir la política si no cambia de piel como la serpiente, abandona absolutamente su bufete, y se somete a rudos ejercicios y disciplina mental severísima para arrojar ese hábito del negocio y de la ventaja individual que enseña la abogacía.
Varios han sido los males de la excesiva intromisión de los abogados en la política argentina.
Ninguno más grave que el de haber imbuido a nuestros gobiernos con la idea de que la Constitución es un frío engranaje de ruedas dentadas, poleas y aparatos de relojería, que marca la legalidad o ilegalidad de una medida de gobierno, echando por la ranura una moneda de oro con que se pagan las consultas de los grandes abogados. Siempre ha habido en las cámaras, en los ministerios y en los tribunales, un constitucionalista agazapado con los tres tomos de González Calderón por escudo, para aniquilar los efectos de una ley de bien público so pretexto de que el artefacto mecánico marcaba cero. La idea de que la Constitución es un organismo vivo, fecundante, que acciona y reacciona sobre la realidad social; en una palabra: la idea de que la Constitución es un instrumento político que se acomoda a las más palpitantes cuestiones del momento, de acuerdo con la inteligencia y previsión de los gobernantes, es aborrecible para los abogados, que mantendrán lo contrario mientras se crea que el fallo de Marbury v. Madison, dictado hace ciento treinta años en un país extranjero, puede servir de algo en nuestro país.
Los abogados han llevado a la política argentina el abominable aire, superficialmente agitado, de los negocios. La verdad es que ningún gobernante, desde cincuenta años a esta parte, tiene aquel estremecimiento civil y cívico de nuestros hombres de antes, aquella vida interior, aquella dignidad e inquietud patriótica que sólo se afina y se macera en una larga soledad y en prolongada paciencia. Un hombre que toda la mañana y la mayor parte de la tarde se lo ha pasado en el tráfago de los grandes bufetes de abogado, en consultas telefónicas y cablegráficas, en el ajetreo tribunalicio, en el negocio, en el pleito, llega a las horas de la tarde con un ánimo bien ajeno a las grandes preocupaciones de nuestra nacionalidad, de nuestro porvenir y de nuestra posteridad.
Y sin embargo, casi todos los grandes abogados argentinos, más o menos a la hora de la oración, van o han ido a ocupar sus bancas de diputados y, acaso, sus despachos de ministros.
  


jueves, 23 de octubre de 2014

MONSEÑOR GUIDO POZZO: LAS DISCUSIONES CON LA FRATERNIDAD JAMÁS SE SUSPENDIERON.





Esta entrevista a Mons. Pozzo fue realizada por Famille Chrétienne y publicada en La Porte Latine, el sitio oficial de la Fraternidad en Francia con el insidioso título: “Roma no tiene la intención de imponer una capitulación”. Cabe mencionar que las condiciones que ahora Roma le pide a la FSSPX, fueron ya aceptadas en la Declaración Doctrinal de Mons. Fellay de abril de 2012.

¿Cuál es el estado de las relaciones entre Roma y la FSSPX?

Con el fin de favorecer  la superación de toda fractura y división en la Iglesia, y de curar una herida tan dolorosa en la vida eclesial, Benedicto XVI, en 2009, decidió levantar la excomunión de los obispos que habían sido ordenados de manera ilícita por Monseñor Lefebvre en 1988. Por esta decisión, el papa quiso retirar una sanción que hacía difícil la apertura a un diálogo constructivo.
El levantamiento de la excomunión ha sido una medida disciplinaria tomada para liberar a las personas de la censura eclesiástica más grave. Pero las cuestiones doctrinales siguen sin ser aclaradas. Mientras ellas no lo sean, la FSSPX no tiene estatuto canónico en la Iglesia y sus ministros no ejercen de manera legítima su ministerio, como lo indica la Carta de Benedicto XVI a los obispos de la Iglesia católica del 10 de marzo de 2009.[i]
Es precisamente para superar las dificultades de naturaleza doctrinal que todavía subsisten, que la Santa Sede mantiene relaciones y discusiones con la FSSPX, por medio de la comisión pontifical Ecclesia Dei. Esta comisión está estrechamente ligada con la Congregación para la doctrina de la fe, pues su presidente es el prefecto de esta Congregación.
Estas relaciones y estas discusiones se llevan a cabo desde la elección del papa Francisco. Estas ayudan a aclarar las posiciones respectivas sobre los temas controvertidos, para evitar las incomprensiones y los malentendidos, manteniendo viva la esperanza de que las dificultades que impiden llegar a la plena reconciliación y a la plena comunión con la Sede apostólica  puedan ser superadas.

¿Cuáles son los desacuerdos que persisten?

Los aspectos controvertidos conciernen por una parte la estimación de la situación eclesial en el período posterior al concilio Vaticano II y las causas que produjeron ciertas agitaciones teológicas y pastorales en el periodo del pos-concilio y, más generalmente, en el contexto de la modernidad.
Por otra parte, algunos puntos específicos relativos al ecumenismo, al diálogo con las religiones del mundo y la cuestión de la libertad religiosa.

¿Cuáles son las soluciones jurídicas que podrían ser adoptadas por la FSSPX en caso de acuerdo?

En el caso de una reconciliación completa, el estatus canónico propuesto por la Santa Sede es el de una prelatura personal[ii]. Sobre este punto, creo que no hay problema por parte de la FSSPX.

Las discusiones entre Roma y la Fraternidad, ¿han sido retomadas recientemente o nunca se suspendieron?

En realidad, jamás se suspendieron. La interrupción provisional de los encuentros se debió a la nominación de un nuevo prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe y a la elección del nuevo soberano pontífice en abril de 2013. El camino del diálogo fue retomado en el otoño de 2013 con una serie de encuentros informales, hasta la entrevista del pasado 23 de septiembre entre el Cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, y el superior de la FSSPX, Monseñor Bernard Fellay, entrevista que informó el comunicado de prensa de la Santa Sede.

¿Se puede disociar acuerdo jurídico y discusión doctrinal? ¿Establecer una prelatura personal, pero continuado, a largo plazo, las discusiones sobre los puntos teológicos controvertidos?

En coherencia con el motu proprio Ecclesiae Unitatem de Benedicto XVI, la Congregación para la doctrina de la fe siempre ha considerado que la superación de los problemas de naturaleza doctrinal era la condición indispensable y necesaria para poder proceder al reconocimiento canónico de la Fraternidad.
Sin embargo, me permito precisar que la superación de las dificultades de orden doctrinal no significa que las reservas o las posiciones de la FSSPX sobre ciertos aspectos que están fuera del ámbito de la fe, sino que pertenezcan a los temas pastorales o de enseñanza prudencial del Magisterio, deban ser necesariamente retirados o anulados por la Fraternidad. El deseo de continuar la discusión y profundización de estas cuestiones que implican dificultad para la FSSPX, en vista de precisiones y de clarificaciones ulteriores, no solo es todavía posible sino que –por lo menos en mi opinión- deseable y debe alentarse. No se le pide por consecuencia, renunciar a esta exigencia que ella manifiesta respecto a un cierto número de temas.

¿Entonces, cuál es el punto «no negociable»?

Lo que es esencial, es a lo que no se puede renunciar, es la adhesión a la Professio fidei[iii] y al principio según el cual solo al magisterio de la Iglesia se le ha confiado la facultad de interpretar auténticamente, es decir, con la autoridad de Cristo, la palabra de Dios escrita y transmitida. Es la doctrina católica, evocada por el concilio Vaticano II (Dei Verbum, 10), enseñada expresamente por Pio XII en la encíclica Humani generis. Esto significa que el Magisterio, si ciertamente no está por encima de la Escritura y la Tradición, es sin embargo la instancia auténtica que juzga las interpretaciones sobre la Escritura y la Tradición, de cualquier parte que ellas emanen.
Por consecuencia, si existen diferentes grados de autoridad y de adhesión de los fieles a estas enseñanzas –como lo declara la constitución dogmática Lumen Gentium (25) del concilio Vaticano II- nada puede ponerse por encima del Magisterio. Yo pienso y espero vivamente que en este marco doctrinal que acabo de evocar, podamos encontrar el punto de convergencia y de entendimiento común, pues esta cuestión precisa es un punto de doctrina que pertenece a la fe católica y no a una legítima discusión teológica o de criterios pastorales.

Un punto capital, pero al mismo tiempo claramente delimitado…

No es verdad el decir que la Santa Sede quiere imponer una capitulación a la FSSPX. Muy al contrario, la invita a reunirse a su lado en un mismo marco de principios doctrinales necesarios para garantizar la misma adhesión a la fe y a la doctrina católica sobre el Magisterio y la Tradición, dejando al mismo tiempo al campo del estudio y de la profundización las reservas que ella ha expresado sobre ciertos aspectos y formulaciones de los documentos del concilio Vaticano II, y sobre ciertas reformas que le siguieron, pero que no conciernen a las materias dogmáticas o doctrinalmente indiscutibles.
No hay duda alguna que las enseñanzas del Vaticano II tienen un grado de autoridad y un carácter obligatorio extremadamente variable en función de los textos. Por ejemplo, las constituciones Lumen Gentium sobre la Iglesia y Dei Verbum sobre la Revelación divina tienen el carácter de una declaración doctrinal, incluso si no hubo definiciones dogmáticas. Mientras que, por su parte, las declaraciones sobre la libertad religiosa, sobre las religiones no cristianas y el decreto sobre el ecumenismo, tienen un grado de autoridad y un carácter obligatorio diferentes e inferiores.

¿Cree usted que las discusiones puedan llegar a buen término rápidamente?

No creo que podamos indicar ahora un plazo específico para la conclusión del camino emprendido. El compromiso de nuestra parte y, creo, de parte del superior de la FSSPX, consiste en proceder por etapas, sin atajos improvisados, pero también con el objetivo claramente fijado de promover la unidad en la caridad de la Iglesia universal, guiada por el sucesor de Pedro. « ¡Caritas urget nos! » (La caridad nos urge) como lo declara san Pablo.

Entrevista realizada por Jean-Marie Dumont



[i]  En esta carta, Benedicto XVI explicó el sentido de su gesto, asombrado por las protestas que se suscitaron: “A veces se tiene la impresión de que nuestra sociedad tenga necesidad de un grupo al menos con el cual no tener tolerancia alguna; contra el cual pueda tranquilamente arremeter con odio. Y si alguno intenta acercársele –en este caso el Papa– también él pierde el derecho a la tolerancia y puede también ser tratado con odio, sin temor ni reservas”.
[ii]¿Qué estatus para la Fraternidad? En caso de acuerdo con Roma, la FSSPX podría obtener el estatus de prelatura personal. En el derecho de la Iglesia, se trata de una creación bastante reciente. La única que existe actualmente, muy conocida, es la del Opus Dei. Prevista por el Código de derecho canónico (§ 294 a 297), permite el agrupamiento de sacerdotes y diáconos bajo la dirección de un prelado. Su principal característica es la ausencia de lazo con un territorio, contrariamente a la mayoría de las diócesis. Los sacerdotes de la prelatura pueden ser repartidos en el mundo entero. Los objetivos fijados por el derecho canónico para la creación de estas estructuras son bastante vastos para poder ser aplicados a iniciativas de varias naturalezas: “promover una conveniente distribución de los sacerdotes”, “llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales”… el prelado tiene el derecho de erigir un seminario, incardinar seminaristas y llamarlos a las órdenes. Las relaciones con los obispos (poner a disposición sacerdotes al servicio de las diócesis, encargarse de ciertas actividades en el seno de una diócesis) deben ser precisadas en los estatutos o en el marco de los acuerdos bilaterales. Es así que un sacerdote perteneciente a la prelatura, puede ejercer su ministerio en un lugar de culto asignado específicamente a la prelatura, o ser asignados, de acuerdo con las decisiones del prelado y los acuerdos con los obispos, a una iglesia parroquial.
[iii] Se trata de un texto de unas treinta líneas que deben pronunciar, por ejemplo, los nuevos cardenales u obispos, los curas o los profesores de seminarios al entrar en funciones.




RESISTENCIA AMBIGUA



PCI. Cada vez más desacertado. Y además, descuidado. Ver cómo ha quedado la imagen de Ntra. Sra. descabezada, en el sitio web filo-fraternitario. Inadmisible, pero tal vez simbólico de lo que ocurre hoy con la Neo-FSSPX.


“Hace poco menos de 2 larguísimos años que el Horror se ha encarnado en la persona del actual (mientras nadie pruebe lo contrario) pontífice romano. Quien con prolija y acelerada gradualidad ha ido ejecutando las obras de su programa de gobierno. Ha convencido a la gran masa de los católicos que era posible, en nombre de la Misericordia de Cristo, abolir las Enseñanzas de Cristo.”

Esto dice Marcelo González en Panorama Católico Internacional . ¿Hace menos de dos años que el Horror apareció en Roma? Pero cómo ¿no sintió horror con las barbaridades de Juan XXIII, de Pablo VI, de Juan Pablo II y Benedicto XVI? ¿No fueron un horror el Vaticano II, la imposición del Novus Ordo, el nuevo Catecismo holandés, las Jornadas de Asís, los besos al Corán, las visitas a las Sinagogas, las sanciones y persecución a Mons. Lefebvre y la Tradición católica, etc, etc, etc? ¿Este periodista se hace el desentendido, o qué? Decía hace muchos años Mons. Lefebvre que “El Vaticano II es un esfuerzo para reconciliarse con el 89. ¿Se dan cuenta? ¡Es aterrador!” El Horror, sí, muestra toda –o más bien, casi- su dimensión con más obviedad y aceleración en Francisco, pero Francisco es hijo de aquellos horrores contra los cuales se levantó Mons. Lefebvre y son lo que lo llevaron al mismo M.G. a acudir a la FSSPX. ¿Entonces a qué viene ahora este discurso de línea-media que parece recién ahora despertarse y horrorizarse como si antes no hubiese pasado nada?
Pero más abajo de las líneas citadas en ese mismo sitio web pregona un “programa de la resistencia”. Vamos a verlo (y comentarlo en rojo):


“El programa de la resistencia

Esto nos exige poner en marcha un programa de resistencia (interesante observar que recientemente el P. Bouchacourt ha dicho que en la Fraternidad no son resistentes sino combatientes; ¿Cómo compatibilizará M.G. esa opinión que es por todo lo que se puede ver la posición oficial de la Neo-FSSPX, con su permanente adhesión y defensa de la misma? ¿O será que ha comenzado a dudar?) sobrenatural en el sentido del que comentamos hace poco aquí:
1.     -Católicos, familias, sacerdotes, religiosos: acérquense a estos lugares donde se ofrece lo que la Iglesia ha ofrecido siempre. (Bien dicho. Y ya que está ¿por qué no aclara cuáles son, por si hay algún desinformado? ¿O es todo lo mismo? ¿Está recomendando también ir a los lugares de la Resistencia que encabeza Mons. Williamson? Cuidado con su ambigüedad porque en la Neo-Fraternidad están vigilando los sitios y blogs adictos en espera de un alineamiento perfecto con el Superior general…)
2.     -Busquen la certeza de lo que la Iglesia ha atesorado siempre y apártense de lo que resulta dudoso o confuso. (Entonces quienes sigan sus consejos deberán en primer lugar apartarse de su sitio web…por lo menos en este asunto pues no es del todo claro)
3.     -Busquen la doctrina y también a quienes viven conforme a esa doctrina, más allá del grado de virtud que cada uno alcance.
4.     -Sacrifiquen a ese fin todo lo demás. (Puntos 3 y 4 compartimos lo dicho)
5.     -Busquen la proximidad con LA MISA como el objetivo primero de todo católico en este tiempo.
6.     -Junto con LA MISA, busquen la proximidad con aquello que LA MISA produce: sacramentos y vida real al amparo de dichos sacramentos: comunidad cristiana, escuela cristiana, cercanía entre los fieles. (¿Nada que decir contra el contagio liberal que hay en congregaciones que celebran la Misa tradicional y además tienen todo eso que él quiere? ¿Entonces se puede ir a la Misa de Mons. Rifán, a la de la Fraternidad San Pedro, la de Una voce, cualquiera del motu proprio,  la de la FSSPX…o también las de la Resistencia antiliberal y antifellecista de los que algunos llaman “williamsonianos”?)
7.     -Ningún motivo humano puede ser óbice para alejarse de los lugares donde se ofrecen –hoy tan escasamente- los medios de salvación. (Desde luego que no, pero sí motivos de orden sobrenatural. Como dijo el citado por él en su sitio Dr. Caponnetto en un reciente artículo: “Nunca es legítimo seguir al que me lleva al error”. Y que alguien me presente solo la Misa mientras por debajo me intenta disminuir la fe, es inaceptable. Al fin y al cabo los que hicieron el concilio tenían la Misa tradicional y los sacramentos tradicionales, y sin embargo fallaron en la fe. Algo que deja muy claro Mons. Lefebvre es lo siguiente: P: ¿Existe un peligro en permanecer amigos con Tradicionalistas que se han pasado a Roma, y en asistir a sus Misas? R: Sí, porque en la Misa no solamente está la Misa sino que también está el sermón, la atmósfera, los entornos, las conversaciones antes y después de Misa y así sucesivamente. Todas estas cosas hacen que usted poco a poco cambie sus ideas. Hay un clima de ambigüedad. Uno está en una atmósfera sumisa al Vaticano, sujeto en esencia al Concilio, así es que uno termina deviniendo ecuménico.  Fuente)
8.     -La energía que muchas veces se vuelca en conocer y criticar los desvaríos del clero, ponerla en la construcción de una comunidad católica centrada en LA MISA. (Sí y no. No hay que poner sólo el foco en lo primero descuidando lo segundo, pero no hay que descuidar lo primero para que no sea inútil lo segundo. M.G. es contradictorio: por un lado afirma que lo suyo es un programa de resistencia, y por el otro parece acercarse a la posición del acuerdista Padre Simoulin cuando dijo que “el alma de nuestra actitud en la Iglesia es una posición de fidelidad, de preservación y de construcción, antes de ser una actitud de resistencia” Fuente. Defender la verdad significa a la vez resistir al error.)
9.     -Busquen al sacerdote fiel a LA MISA (aunque lo sea sólo de deseo) y apóyenlo para que levante un lugar de culto a fin de que en torno a él se forme una pequeña cristiandad. (¿Fiel a la Misa o fiel a la Doctrina católica que se expresa también y fundamentalmente como centro en la Misa? Puede haber sacerdotes fieles a la misa por una cuestión estética o de simple rutina pero que poco a poco van descuidando sus deberes de custodiar la fe, y entonces ello se torna peligroso. M.G. lo que hace con esta posición es seguir –voluntariamente o no- a Mons. Fellay cuando por afirmarse sólo en la Misa deja de lado el combate por el Reinado de Cristo).
10. -Funden las nuevas familias bajo esta consigna sin la cual difícilmente alcancen su fin natural y sobrenatural: santificarse con LA MISA, vivir allí donde se ofrezca LA MISA, o traer LA MISA al lugar donde las familias están (Perfecto. ¿Y qué hay de la Palabra de Dios? ¿O se trata simplemente de acudir a la Misa mecánica y farisaicamente, como tantos en los años ’50, lo cual ocasionó el desplome del Vaticano II? ¿Y aquellos que no disponen de la Misa sino tras un muy largo período de tiempo por escasez de sacerdotes, qué harán?). Y con ella la escuela, y la vida de la comunidad, por pequeña que sea, que tenga a Cristo como Rey y a María como Reina.
Ha llegado el momento de deponer excusas como la (falsa) obediencia (¿Lo dice por lo que ocurre también en la neo-FSSPX?), o la (mentirosa) imposibilidad de hacer algo. Los que somos fieles católicos de a pie, o curas de parroquia, que estamos en la última grada de la jerarquía católica o sujetos a ella, podemos hacer mucho, todo. (Empecemos por decir toda la verdad, por ejemplo de lo que ocurre dentro de la Neo-FSSPX, que PCI ha venido omitiendo u ocultando desde hace mucho tiempo. Hay que empezar por el deber de estado, en vez de decir a los demás lo que deben hacer si no se cumple primero con el ejemplo).
Podemos defender la Fe, que es obligatorio cuando la Fe está en peligro, como señala la doctrina y expresamente el Derecho Canónico: exigencia inexcusable de todo bautizado. Hoy ya no es posible profesar la Fe sin defenderla.

ERNESTO PSICHARI



Ernesto Psichari. Biografía de un centurión.

Por Sebastián Sánchez.


EL EXCESO DE MEDIOS OBSTACULIZA EL LOGRO DEL FIN





Para cada necesidad creamos un artefacto y nuestra vida se convierte cada vez en más fácil. He aquí la paradoja: el exceso de medios hace cada vez más difícil conseguir nuestros fines y hasta planteárselos. Si tengo cuatro sombreros es más probable que me vea saliendo de casa descubierto que si sólo tengo uno. Si tengo tres despertadores, puede que cada noche no sepa dónde encontrarlos, pero si tengo uno, siempre estará a la cabecera de mi cama. Somos de carne y hueso: si no experimento la privación frecuente –si la meta de la vida es erradicar la privación– ni sueño con resistir la más leve tentación. Contra Dios, contra mis prójimos, contra mí mismo. Sin el recordatorio de la abstención decaigo, incapaz de cortejar, tenaz, a la verdad.

La técnica hipertrófica se anticipa incluso a nuestras necesidades y toma la iniciativa: suscita necesidades a la medida exacta de lo que ofrece y las va ampliando al paso riguroso con que pone en circulación sus avances. 

El resultado es la insularidad moral y psicológica creciente. 

El hombre, el joven, el anciano, no se plantea una vida con fines prácticos más altos: desconoce incluso la admiración ante el heroísmo, no digamos su realización, no digamos el fin último, la dedicación total a la gloria de Dios. Puede pensar frívolamente en ello, de vez en cuando, pero no puede tomarlo en serio. Bastante tiene con controlar todos los aparatos: de entretenimiento, de trabajo, de seguridad, de descanso.

La técnica llama a la puerta ofreciendo solucionar problemas y sin darte cuenta se pone a dirigirte la vida, a darte órdenes.

Cuanta más molicie, menos se buscan la verdad y la amistad y menos aún la amistad exigente: más se asuela la conciencia y la vida espiritual.
Junto a todos los alicientes y consuelos de esta existencia es imprescindible la privación y la renuncia para seguir siendo humanos: y para llegar más lejos. Cuando no nos vienen impuestas por la vida, hay que salir al paso de esas renuncias e imponerse su yugo voluntariamente. ¿Cabe pensar algo más extraño a nuestra molicie? 

Una de las razones, de las muchas razones, de nuestra postración y decadencia, de nuestra pestilencia moral, está en ese sofocamiento que proviene del exceso de medios. 

Para educar a nuestros hijos hay que empezar por el áspero aprendizaje de uno mismo: abrazar la renunciación consciente y deliberadamente, para imponerla a nuestros vástagos como el mejor y más preciado regalo. Así haremos nuestra vida más humana y nuestra inteligencia más dispuesta a las verdades más altas.

El Brigante


martes, 21 de octubre de 2014

RIBETON, RIFAN, FELLAY: ¿UN MISMO ESPÍRITU?




El Padre Ribeton es el superior del distrito de Francia de la Fraternidad San Pedro. Monseñor Rifan es el Ordinario de la Administración apostólica personal San Juan María Vianney de Campos y Monseñor Fellay es el superior de la FSSPX.

Todos se creen testigos de la Tradición católica, pero todos tienen un discurso que sufre de la misma omisión: denuncian, más o menos, los errores pero sin denunciar los fautores de errores, pues todos ven en la Roma actual, “la Roma eterna, la Iglesia madre y maestra de la verdad”.

El Padre Ribeton (¿y tal vez Monseñor Fellay en 30 años?) ha expresado últimamente su gratitud hacia Juan Pablo II. La Fraternidad San Pedro “se alegra del reconocimiento de la santidad de dos de los sucesores de San Pedro”. Fue Juan Pablo II quien “alentó a los fundadores” de la FSSP en 1988, fue él quien afirmó “la legitimidad del apego a la liturgia romana tradicional y pidió a los obispos respetar las justas aspiraciones de los fieles. Fue él quien “invirtió el movimiento de secularización” “provocó la caída del comunismo en Europa”. “Denunciando la cultura de la muerte, las estructuras de pecado y la deriva totalitaria de las democracias modernas, despertó las conciencias dormidas, inspirando la acción de los católicos en favor de la familia y de la vida”. Juan Pablo II nos “muestra el camino que conduce a la contemplación del esplendor de la verdad” concluye el Padre Ribeton. (Carta a los amigos y benefactores n°75, junio de 2014)

Mons. Rifán, (¿y tal vez Mons. Fellay en 15 años?) pudo celebrar la fiesta de Cristo Rey en la Basílica Sainte-Marie-sur-la-Minerve el 27 de octubre de 2013:

« Esta Misa pontifical solemne, celebra el final de la peregrinación “Summorum Pontificum” de los católicos ligados a la forma tradicional del rito romano, universalmente permitido por el Santo Padre Benedicto XVI en su Motu Proprio Summorum Pontificum. Nosotros estamos en el Año de la Fe, proclamado por Benedicto XVI y continuado por el papa Francisco. Nuestra fe, como lo expresa bien la carta apostólica Porta Fidei, debe ser profesada, vivida, celebrada y orada. (…) Nuestra fidelidad a la Santa Misa en la forma tradicional del rito romano está dictada por nuestra fe. Es esta profesión de fe, profesada y celebrada a través de la Misa tradicional, que nosotros ofrecemos al Santo Padre como prueba de nuestra fidelidad a la Santa Iglesia. (…) Que el Santo Padre vea, en nuestra forma litúrgica, la expresión de nuestra plena comunión con él y con la Iglesia”.

En la segunda parte de la homilía, Monseñor Rifán invitó a permanecer confiados en la victoria final de Nuestro Señor Jesucristo frente a “la ofensiva laicista”, tan violenta y odiosa. Pero nada contra la misa bastarda, nada contra la impostura del Vaticano II, su libertad religiosa, su falsa dignidad humana y sus reformas calamitosas que han ayudado a la ofensiva laicista y masónica.

Monseñor Fellay todavía no llega a eso. El “contexto actual de la Fraternidad” no lo permite. En su Carta a los Amigos y Benefactores n°82 (DICI, 13 de abril de 2014), él “denuncia los errores contenidos en los documentos del concilio Vaticano II y en las reformas que le siguieron, especialmente la reforma litúrgica” que “no pueden ser obra del Espíritu Santo, que es a la vez Espíritu de verdad y de santidad”.

Monseñor Fellay « protesta » también « con fuerza contra las canonizaciones ». Pero si de manera cuidadosa habló de esto antes del acontecimiento (de manera condicional), no juzgó útil, después del acontecimiento, el denunciar por medio de un comunicado oficial, al principal responsable de esta impostura escandalosa.

“Si las canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo II tienen lugar el 27 de abril próximo, plantearán a la conciencia de los católicos un doble problema. En primer lugar, un problema sobre la canonización en cuanto tal: ¿cómo se podrá presentar a toda la Iglesia como modelo de santidad, por un lado, al iniciador del Concilio Vaticano II, y por otro, al Papa de Asís y de los derechos del hombre?(…) ¿cómo se podrán refrendar con el sello de la santidad las enseñanzas de tal Concilio, que inspiraron toda la actividad de Karol Wojtyla, y cuyos frutos nefastos son el signo inequívoco de la autodestrucción de la Iglesia?”

Hablando antes, Mons. Fellay intenta tranquilizar a sus tropas. Callándose después, Monseñor Fellay muestra su respeto por la autoridad de Francisco. En estas condiciones, pedir a Roma que “nos reconozca explícitamente… el derecho y el deber de oponernos públicamente a los errores y a los fautores de estos errores, sean quienes fueren” señala la impostura (Declaración de los 3 obispos). ¿Por qué Mons. Fellay haría después de un reconocimiento o regularización lo que se niega hacer antes? Monseñor Lefebvre fue menos sutil cuando hablaba de Juan Pablo II:

Entonces, quién es este papa… Yo no sé qué decirles, verdaderamente… no lo sé… Pero en todo caso él está inspirado por el diablo cuando hace esto… No está inspirado por el Espíritu Santo, no es posible… Él está inspirado por el diablo, y al servicio de la masonería, es evidente. La masonería siempre ha soñado esto: la reunión de todas las religiones” (Conferencia en Ecône del 28-01-1986).

La conclusión de la carta de Mons. Fellay se siente tranquilizadora y triunfante: Por eso, queridos amigos y benefactores, los invitamos a permanecer firmes en la fe y a no dejarse perturbar por las novedades de una de las crisis más formidables que debe atravesar la santa Iglesia. (…) in Te speravi non confundar in aeternum.  ¡Dígnese el Corazón doloroso e inmaculado de María protegernos y que su triunfo llegue pronto!” La de Mons. Rifán fue del mismo estilo: “Confiados en la protección de Nuestra Santísima Madre, continuamos combatiendo. La victoria es segura: ¡Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat! Así sea ».

Es bueno predicar la victoria, pero no se debe olvidar desenmascarar a los enemigos exteriores e interiores de la Iglesia y de tener el valor de combatirlos eficazmente.

El Padre Ribeton, Mons. Rifán y Mons. Fellay, todos ellos actúan como si la iglesia conciliar fuera la Iglesia Católica, ni más ni menos.

“Repito hoy que queremos aportar nuestro testimonio: si la Iglesia quiere salir de la crisis trágica que atraviesa, la Tradición es la respuesta a esta crisis. De esta manera manifestamos nuestra piedad filial para con la Roma eterna, para con la Iglesia, Madre y Maestra de verdad, a la que estamos profundamente unidos”. (Mons. Fellay, DICI del 3/10/14).

Aunque lo diga Mons. Fellay, no es suficiente ir a Roma como Mons. Lefebvre para seguir verdaderamente su ejemplo. Monseñor Lefebvre no era un perro mudo con discursos tranquilizadores:




R.P. ALTAMIRA: EL SÍNODO EN ROMA SOBRE LA FAMILIA.- PAULO VI "BEATO".


El Sínodo en Roma sobre la Familia. Paulo VI “beato” 
(sermón; Bogotá, domingo 19 de octubre de 2014)

(Introducción)

Queridos hijos:

   Durante estas dos semanas ha sido una gran noticia en la prensa mundial todo lo concerniente al Sínodo sobre la Familia, organizado en Roma por Francisco, con la participación de cardenales y obispos; unos 200. Terminó hoy, con la –muy entre comillas- “beatificación” de Paulo VI. El texto final fue “votado” ayer, aunque se dará a conocer recién en el transcurso de esta semana.

   Tantas cosas hay para decir sobre este Sínodo. Pero en definitiva, todo lo ocurrido no hace sino mostrar más el estado en que estamos los católicos, lo que padecemos. Son otras nuevas consecuencias salidas de las raíces o principios del Concilio Vaticano II, “con el cual y a partir del cual, han creado una nueva falsa religiónuna falsificación del Catolicismo, dañando y engañando a tantas almas.

   Veamos primero la diafanidad y la hermosura de la Verdad, de la doctrina católica, para pasar luego a las cosas de Francisco y de este Sínodo de la “Religión Conciliar”.

(Cuerpo 1: La doctrina católica, la Verdad)
   Comparemos qué es lo que enseña la doctrina católica, la Verdad, con lo ocurrido en el Sínodo.

   (a) Sobre el Sacramento del Matrimonio:
   La Verdad nos enseña que Dios Nuestro Señor dispuso que, para sus hijos los católicos, “el único Matrimonio válido es el Sacramento contraído ante la Iglesia”. La unión libre, el concubinato, el matrimonio sólo civil de católicos, son acciones malas, constituyen un pecado mortal. Y el pecado mortal conlleva la condenación eterna en el Infierno si uno muere sin arrepentimiento, sin la Confesión –como regla-. Y estas cosas (el arrepentimiento, la Confesión) piden obviamente la “enmienda”, “cambiar”, dejar esos pecados.
   Por caridad y misericordia, uno no trata mal a las personas que están viviendo así. Pero, ¡por caridad y misericordia!, uno les dice que eso está mal, y debe intentar que se confiesen y que dejen esos “estilos de vida”.
   Es una anti-caridad y una anti-misericordia, decirles o insinuarles que eso está bien, o dejarlos así. El Sínodo, los obispos y Francisco han insinuado (o dicho) esta anti-caridad y esta anti-misericordia.
   Las verdaderas caridad y misericordia nunca pueden ir contra la Verdad.


   (b) Los separados o divorciados que han formado nueva pareja, “rehacer sus vidas” como se dice hoy:
   La Verdad, el Catolicismo, nos enseña que el Matrimonio es para toda la vida y que hay que ser fieles al esposo o esposa. Esas personas están en pecado mortal. Lo que hacen es contra la fidelidad: Viven con quien no es su esposa o esposo, en estado de adulterio. Y es contra la indisolubilidad: Viven como si no estuvieran ligados con el vínculo. Es un estado similar al concubinato.
   Por caridad y misericordia, uno no los trata mal. Pero, ¡por caridad y misericordia!, uno debe intentar que se confiesen y que dejen de cometer los pecados que esto envuelve.
   Es una anti-caridad y anti-misericordia, decirles o insinuarles que está todo bien. El Sínodo, los obispos y Francisco han realizado esta anti-caridad y anti-misericordia: Es estar viendo que pueden ir al Infierno y no hacer ni decir nada. “Linda caridad y linda misericordia”.
   ¿Se les puede dar la comunión? Si se han arrepentido, si se han confesado, si han reparado, y si dejan de hacer los pecados que allí se cometen, sí. De lo contrario: No.