viernes, 19 de diciembre de 2014

ACERCA DE LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL CORAZÓN INMACULADO Parte IV

MONS. LEFEBVRE Y LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
  



Monseñor Lefebvre siempre pensó que la Consagración de Rusia debía realizarse:

La Santísima Virgen desea que Rusia sea consagrada a su Corazón Inmaculado. ¿Por qué? Para que su hijo reine en Rusia. Para que el reinado de Nuestro Señor Jesucristo regrese a ese país que ahora está entregado a Satanás, el instrumento de Satanás para destruir el reinado de Nuestro Señor Jesucristo en toda la humanidad, en el mundo entero. Entonces la Santísima Virgen, Ella, que aplasta la cabeza de la Serpiente, Ella, que lucha contra Satanás, sabe que es allí que hay que traer la bendición de Dios. Es por eso que Ella pidió que Rusia sea consagrada a su Corazón Inmaculado. Ella quiere ser la Reina de Rusia, para hacer reinar allí a su Hijo.  Sermón, Pascua, 22 de abril de 1984.

Y con el objetivo de poner fin a este asalto infernal, ¿no convendría obedecer el deseo explícito de la Virgen María en Fátima, de consagrar nominalmente a Rusia a su Corazón Inmaculado? Carta de Mons. Lefebvre al Card. Ratzinger, 17 abril 1985.

Si los obispos con el papa consagran Rusia a la Virgen Santísima de Fátima -al Inmaculado Corazón de María- ellos temen que los comunistas se pongan furiosos. Y ahora, con el ecumenismo, ellos quieren ser amigos de los comunistas, y es muy difícil ser amigos de los comunistas y hacer la consagración. El papa tiene miedo. Tiene miedo. Entrevista a Mons. Lefebvre, 27 de abril de 1986 en St. Michael's Mission, Atlanta.

María pidió que el papa y todos los obispos consagraran el mundo, y más particularmente Rusia, a su Corazón Inmaculado y al Corazón de Jesús. No lo hacen. Se niegan a hacer lo que María pide. Hay una verdadera oposición a la Virgen María porque la Virgen María no es ecuménica. Sermón 14 mayo de 1989, Pentecostés.


CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA, REALIZADA POR MONS. LEFEBVRE EN FÁTIMA EL 27 DE AGOSTO DE 1987




En agosto de 1987, al ver que la crisis de la Iglesia no cesaba de agravarse en castigo por la desobediencia de la jerarquía, Monseñor Lefebvre fue en peregrinación a Fátima con sus principales colaboradores. El día 27, después de la Misa celebrada ante 2000 fieles, el fundador de la FSSPX hizo la siguiente consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María: 

Prosternados al pie de vuestro trono de gracia, oh Reina del Santísimo Rosario, nos proponemos cumplir, en cuanto está de nuestra parte, los pedidos que has expresado al venir hace 70 años apareciéndote a nosotros sobre esta tierra.

Los abominables pecados del mundo, las persecuciones dirigidas contra la Iglesia de Jesucristo, más todavía, la apostasía de las naciones y de las almas cristianas, y, finalmente, el olvido por parte de la mayoría de los hombres de tu maternidad de gracia destrozan tu Corazón doloroso e Inmaculado, tan unido en su Compasión a los sufrimientos del Sagrado Corazón de tu divino Hijo.

Con el fin de reparar tantos crímenes, Tú has pedido el establecimiento de la devoción reparadora a tu Corazón Inmaculado. Con la finalidad de detener los flagelos de Dios que has predicho, te constituiste en la mensajera del Altísimo para requerir del Vicario de Jesucristo, unido a todos los Obispos del mundo, la consagración de Rusia a tu Corazón Inmaculado. Desgraciadamente, no han tenido en cuenta todavía tu mensaje.

Por esto, a fin de anticipar el dichoso día en que el Soberano Pontífice accederá por fin a los requerimientos de tu divino Hijo, sin atribuirnos una autoridad que no nos pertenece, mas penetrados de solicitud por la suerte de la Iglesia universal, por una humilde súplica dirigida a tu Corazón Inmaculado, y unidos a todos los Obispos, sacerdotes y creyentes fieles, nos hemos resuelto a responder por nuestra parte a los pedidos del Cielo.

Dígnate, pues, oh Madre de Dios, aceptar en primer lugar el acto solemne de reparación que presentamos a tu Corazón Inmaculado por todas las ofensas con que él, junto al Sagrado Corazón de Jesús, es destrozado por parte de los pecadores y de los impíos.

En segundo lugar, en cuanto está en nuestro poder, damos, entregamos y consagramos Rusia a tu Corazón Inmaculado: te suplicamos, en tu maternal misericordia, tomar esta nación bajo tu poderosa protección, hacerla dominio tuyo en el cual reines como Soberana, hacer de esa tierra de persecución una tierra de elección y de bendición. Te conjuramos a que sometas a ti tan bien esta nación que, convertida de su impiedad legal, llegue a ser un nuevo reino para Nuestro Señor Jesucristo, una nueva herencia para su dulce cetro. Que convertida también de su antiguo cisma, regrese a la unidad del único redil del Pastor eterno, y que sometida así al Vicario de vuestro divino Hijo, llegue a ser una ardiente apóstol del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo sobre todas las naciones de la tierra.

Te suplicamos además, oh Madre de misericordia, por este milagro tan espléndido de tu omnipotencia suplicante, que manifiestes al mundo la verdad de tu mediación universal de gracia. Dígnate en fin, oh Reina de la paz, conceder al orbe la paz que el mundo no puede dar, la paz de las armas y la paz de las almas, la paz de Cristo en el Reino de Cristo, y el Reino de Cristo por el reino de tu Corazón Inmaculado, Oh María, amén. 
    

ACERCA DE LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL CORAZÓN INMACULADO Parte III


¿Ha Realizado ya algún Papa la Consagración de Rusia?


Por el R. P. Gérard Mura, FSSPX
Texto extraído del libro Fátima Roma Moscú, pp. 33-37



Fuente: Biblia y Tradición (extracto)


¿Ha Realizado ya algún Papa la Consagración de Rusia? Requisitos para la Consagración

La petición de consagrar Rusia no fue cumplida por Pío XI. En cambio, Pío XII y Juan Pablo II han hecho varios intentos de cumplir lo solicitado por el Cielo. ¿Han correspondido realmente estos intentos de consagración al pedido de María, o todavía está pendiente la consagración tal como la pidió Nuestra Señora? Para poder contestar a esta pregunta es necesario exponer brevemente los requisitos exactos para la consagración de Rusia que María Santísima indicó el 13 de junio de 1929 en la aparición a Sor Lucía, en Tuy.

1. El Papa debe consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María. Rusia, por ende, tiene que ser el propio y único objeto de la consagración. Una consagración del mundo con la sola mención de Rusia no es suficiente. Rusia debe ser explícitamente nombrada. Es inimaginable que una consagración sea eficaz sin la expresa denominación del sujeto a consagrar. El sólo encomendar confiadamente Rusia a María, no es suficiente; tiene que tratarse de una verdadera consagración.

2. Todos los obispos tienen que efectuar la consagración en unidad con el Papa y simultáneamente, ya sea unidos ante el Papa o cada obispo en forma solemne en su diócesis. El Papa debe ordenar esta co-ejecución. Solamente así se constituye la consagración como verdadero acto de la Jerarquía Eclesiástica.

3. La consagración debe ser suficientemente solemne y tener carácter público de resonancia mundial.

4. El Papa y los obispos deben asociar solemnemente al acto de consagración un acto (con oración) de expiación o reparación por las ofensas al Corazón Inmaculado de María.

5. El Papa debe comprometerse también a promover oficialmente la Devoción de los cinco Primeros Sábados del Mes en desagravio al Corazón Inmaculado de María.

Al repasar estos requisitos precisos resulta evidente que, hasta el día de hoy, ningún Papa ha cumplido completamente con la consagración de Rusia tal como la pide el Cielo.

Examinando los intentos de los Papas de llevar a cabo esta consagración, veremos por qué la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado aún está pendiente.

Pío XII efectuó una consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María el 31 de octubre de 1942. Fue, sin embargo, una consagración del mundo y no de Rusia.

Se debe diferenciar muy bien entre el deseo del Cielo de la consagración de Rusia y el pedido del Cielo de la consagración del mundo (con especial mención de Rusia) y las respectivas promesas para cada caso. Son dos consagraciones, cada una con una promesa distinta del Cielo. Para la consagración del mundo, se prometió adelantar el término de la guerra mundial; y, para la consagración de Rusia, la conversión de ese país.

En las apariciones a Lucía, en Fátima y en Tuy, la Virgen María pidió solamente la consagración de Rusia. Habiendo resultado infructuosas las reiteradas peticiones hechas a la Santa Sede en este sentido, el obispo de Leiria-Fátima, Monseñor Da Silva, optó por rebajar los pedidos del Cielo: exhortó a Sor Lucía a pedir la consagración del mundo con mención de Rusia. Desde el punto de vista diplomático es mucho más simple cumplir esta petición. Los obispos de Portugal tenían noticia, a través de la venerable estigmatizada Alexandrina María Da Costa (fallecida el ¡13 de octubre! de 1955) de la petición del Señor de consagrar el mundo al Corazón de María. El obispo Da Silva quiso, en esta coyuntura, sustituir el pedido de la Santísima Virgen de Fátima por una consagración del mundo combinándola, por su propia iniciativa, con la mención de Rusia.

Ante esto, Sor Lucía rezaba intensamente, ya que no sabía si podía cambiar las palabras de la Madre de Dios. Fue entonces cuando, el 22 de octubre de 1940, se le apareció Nuestro Señor y le dijo que, por la consagración del mundo con la mención de Rusia hecha por el Papa, Él acortaría los sufrimientos de la guerra. Sin embargo, no prometió la conversión de Rusia, como lo hizo notar expresamente Sor Lucía. La consagración del mundo con mención de Rusia, en el contexto de todo el mensaje de Fátima es, por ende, algo de segundo orden.

Y el Papa Juan Pablo II, ¿ha efectuado la consagración de Rusia? Podría pensarse que sí, ya que realizó tres intentos. En primer lugar, el Santo Padre realizó él sólo la consagración en Fátima, el 13 de mayo de 1982; luego, el 16 de octubre de 1983, en Roma, rodeado de los Padres del Sínodo Episcopal; y por último, el 25 de marzo de 1984, en Roma, luego de haber hecho una petición epistolar a los obispos para que se le unieran. En los tres intentos usó el mismo texto de oración, salvo modificaciones insignificantes.

En esta fórmula de consagración empleada, Rusia no aparece como objeto exclusivo y verdadero de la consagración, sino que se trata siempre de una consagración del mundo. Sor Lucía ha recalcado reiteradamente que esta fórmula no satisface el pedido de la Madre de Dios y que, por lo tanto, no se ha cumplido con el pedido del Cielo. Otros de los requisitos citados tampoco fueron cumplidos.

Podría objetarse que nuestro punto de vista es de mira estrecha. ¿Hace acaso Dios depender la salvación de continentes enteros sólo por el cumplimiento de algunos detalles formales? … las causas del no-cumplimiento tienen raíces muy profundas.

Entre los fieles conservadores a menudo se objeta: ¿qué pasaría si los obispos se negasen a participar del acto de consagración? El Papa debe, según el deseo del Cielo, ordenar la participación de los obispos. Pero en caso de que muchos obispos se negasen, aun así el Papa habría hecho lo necesario y parece que esto sería suficiente para cumplir las exigencias del Cielo. Incluso si muchos obispos se negaran, no obstante se alcanzaría el carácter público necesario del acto de esta consagración.

¿Por qué Dios hace depender la salvación del mundo de un acto tan sencillo e insignificante?

La insignificancia de la consagración debe poner de manifiesto la eficacia de María en la conversión realizada.

Desde el punto de vista humano, el acto que Dios pide para la conversión de Rusia no tiene proporción alguna con el efecto prometido. Sin embargo, será precisamente esto lo que destacara ante todos los hombres la gran conversión como un hecho sobrenatural. Además, como la consagración, según la petición de María, debe tener un carácter público y mundial, también el conocimiento del advenimiento sobrenatural de la conversión será accesible a todos los hombres. Justamente, por esta falta de proporción, el gran papel de María como Mediadora de Todas las Gracias, brillará ante todos los hombres en su plena grandeza, como también se pondrá de manifiesto su victoria sobre el demonio.



miércoles, 17 de diciembre de 2014

ACERCA DE LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL CORAZÓN INMACULADO Parte II




¿SE HARÁ LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA ALGUNA VEZ?



No hay duda alguna: este acto solemne y público de reparación y de consagración de Rusia será efectuado un día por un Papa que ordenará a todos los obispos unirse a él.

LOS MENSAJES DEL CIELO:

Comunicación de Nuestro Señor a Sor Lucía, en agosto de 1931 en Rianjo:

Sor Lucía relató varias veces esta revelación de Rianjo, que tiene una importancia capital en la economía del mensaje de Fátima, dado la persistente negativa de los Papas sucesivos de obedecer el pedido del Cielo:

▪ Carta de 1936 de Sor Lucía al Padre Gonçalves:

Más tarde, por medio de una comunicación íntima, Nuestro Señor me dijo quejándose: “¡Ellos no quisieron escuchar mi pedido! …Como el rey de Francia, ellos se arrepentirán y lo harán, pero será tarde. Rusia habrá extendido ya sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia. El Santo Padre tendrá mucho que sufrir”.

▪ Entrevista del 3 de febrero de 1946 con el Padre Jongen: « En 1931, en Rianjo, donde por órdenes de mis superiores fui a descansar un mes, escribí una carta a Su Excelencia el obispo de Leiria, insistiéndole sobre este mismo pedido, y le mencioné las palabras de Nuestro Señor: “Como el rey de Francia, ellos no escucharán mis pedidos; el Santo Padre consagrará Rusia, pero será tarde”.

Comunicación de Nuestro Señor a Sor Lucía durante la primavera de 1936:

"Pero, Dios mío (dijo sor Lucía), el Santo Padre no me creerá si Vos no lo movéis por una inspiración especial”.

Respuesta: "¡El Santo Padre! Rezad mucho por el Santo Padre. Él la hará, ¡pero será tarde! Sin embargo, el Corazón Inmaculado de María salvará Rusia, ésta le ha sido confiada”.

LAS AFIRMACIONES DE SOR LUCÍA:

Me limito a relatar tres afirmaciones fuertes y claras de Sor Lucía, que nos muestras que ella jamás dudó que el acto de reparación y de consagración de Rusia sería efectuado un día:

▪ Cuando en 1946 John Haffert le preguntó a Sor Lucía si la conversión de Rusia seguiría ciertamente a la consagración de esta nación, la vidente declaró: “Sí, esto es lo que Nuestra Señora prometió. Esto sucederá”.

▪ Cuando el Padre McGlynn, en febrero de 1947 quiso saber si la promesa de la conversión de Rusia era absoluta o condicional, Sor Lucía respondió: Al fin”, en el texto del secreto, significa que es absoluta”.

▪ Cuando el Padre Alonso le preguntó sobre lo que dijo Nuestro Señor: “El Papa consagrará Rusia, pero será tarde”, la vidente le indicó que La consagración de Rusia y también el triunfo final del Corazón Inmaculado de María que él realizará, son absolutamente ciertos y se realizarán a pesar de todos los obstáculos”.

P. Fabrice Delestre.

Fuente (el texto se ha extractado).  


ACERCA DE LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL CORAZÓN INMACULADO Parte I






Cronología de cuatro campañas de ocultamiento: La desinformación sobre la Consagración de Rusia


Fuente (extracto): FATIMA.ORG

Consagración y conversión

En la tercera de Sus seis apariciones en Fátima, el 13 de julio de 1917, la Santísima Virgen dijo a los tres niños pastores que volvería para pedir la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón. Nuestra Señora enfatizó la importancia de ese pedido, que fue acompañado por una terrible advertencia:

‘Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre Me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.’

Estas son las palabras de la Madre de Dios, como las relató la Hermana Lucía en sus memorias sobre las apariciones, publicadas por primera vez en los 1940’s.
El pedido se hace

En junio de 1929, Nuestra Señora se apareció a la Hermana Lucía en su convento en Tuy, España. Como lo había prometido, la Santísima Virgen pidió la consagración que Ella había mencionado 12 años antes en Fátima. Las palabras de Nuestra Señora quedaron registradas en las memorias de la Hermana Lucía:

Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del mundo, la consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarla por este medio. Son tantas las almas que la justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mí, que vengo a pedir reparación; sacrifícate por esta intención y reza.
Nuestro Señor agrega una advertencia

Dos años más tarde, en el verano de 1931, la urgencia del pedido quedó resaltada por otra visita. Esta vez, Nuestro Señor mismo habló a la Hermana Lucía, y le transmitió una advertencia sobre la consagración de Rusia:

Participa a Mis ministros que, en vista de que siguen el ejemplo del Rey de Francia, en la dilación de la ejecución de mi petición, también lo han de seguir en la aflicción.

Esa fue una referencia a Luis XVI, quien faltó a la consagración de Francia al Sagrado Corazón de Jesús, y más tarde fue destronado por la Revolución Francesa y decapitado en 1793.
La Hermana Lucía urge a la acción

A principios de 1935, la Hermana Lucía escribió a su confesor, Padre Bernardo Gonçalves, para contestar algunas preguntas que él le había enviado sobre la consagración de Rusia: “Respecto al tema de Rusia, pienso que agradaría mucho a Nuestro Señor si trabaja para hacer cumplir al Santo Padre Sus deseos... Pienso que eso debiera ser exactamente como lo pidió Nuestro Señor...”  Claramente, la consagración era una cuestión de alguna urgencia para la Hermana Lucía, pero había poca indicación de una respuesta por parte de la jerarquía de la Iglesia.
Otra advertencia

En la primavera de 1936, Nuestro Señor dijo a la Hermana Lucía que la conversión de Rusia solo ocurriría cuando fuera pública y solemnemente consagrada al Inmaculado Corazón de María por el Papa, junto con todos los obispos del mundo. Nuestra Señora vino a decirle a la Hermana Lucía que a menos que “esa pobrecita nación” fuera consagrada como había sido pedido, Rusia se volvería el instrumento del castigo mundial.
Una consagración — pero no como se había pedido

En octubre de 1942, en lo más recio de la IIa. Guerra Mundial, el Papa Pío XII llevó a cabo una consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María. El no hizo mención de Rusia, ni participó ninguno de los obispos del mundo en la ceremonia. En la primavera siguiente, como la guerra continuaba, Nuestro Señor dijo a la Hermana Lucía que la paz mundial no resultaría de esa consagración del Papa, pero que la guerra se acortaría.
Pedido insatisfecho: la Hermana Lucía

El 15 de julio de 1946, la Hermana Lucía contestó algunas preguntas del Profesor William T. Walsh, de Nueva York, respecto a la consagración. Él es el autor del libro más popular sobre Fátima. La Hermana señaló que Nuestra Señora no había pedido la consagración del mundo, sino específica y solamente la de Rusia. La consagración del Papa en 1942, por lo tanto, no satisfizo el pedido de Nuestra Señora.
Otra consagración inadecuada

A mediados de 1952, en el furor de la Guerra de Corea, el Papa Pío XII realizó otra consagración. En esa oportunidad, él mencionó específicamente a Rusia, pero no pidió a ninguno de los obispos del mundo católico que se le uniera en la ceremonia. Sin esa participación, la consagración todavía no satisfizo el pedido de Nuestra Señora.
Surge otro obstáculo

Una década más tarde, en el otoño de 1962, la apertura del Concilio Vaticano Segundo creó un nuevo obstáculo para realizar la consagración. Para obtener la aprobación de Moscú a la asistencia de dos observadores de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el Vaticano acordó formalmente no condenar a la Rusia Soviética ni al Comunismo en general en el Concilio. Esa decisión lanzó la llamada ‘Ostpolitik’, por la cual el Vaticano se obligaba a no oponerse al Comunismo por su nombre, ni a condenar a los regímenes comunistas que persiguen a los católicos. En su lugar, la Iglesia se comprometía al diálogo y a negociaciones con esos gobiernos. Esa política fue un apartamiento radical de la oposición largamente sostenida por la Iglesia contra el ateísmo comunista y el tratamiento represivo de los católicos dentro del bloque soviético. Durante la mayoría de las dos décadas que siguieron, la cuestión de la consagración fue relegada al margen y desapareció de la agenda vaticana. 
Una petición ignorada

LA IMAGEN DE LA IGLESIA (CONCILIAR), SEGÚN FRANCISCO





Si la ideología masónica de la revolución francesa adoptó una imagen que la representara en la figura de una mujer, la llamada “Marianne”, luego llevada al lienzo por Delacroix en su famosa pintura “La Libertad guiando al pueblo”, donde aparece la mujer de gorro frigio con un fusil en una mano y la bandera tricolor en la otra, guiando una turba de facinerosos revolucionarios y con los pechos al aire (“casualmente” como el promocionado grupo terrorista-feminista Femen y otros que hoy hacen lo mismo); si la revolución judeo-soviética de 1917 adoptó el afiche de propaganda con la efigie de la mujer erguida y desafiante para alegorizar sus violentas “conquistas libertarias”; si la también criminal revolución de la República española (1931) tomó a la mujer como símbolo de sus “bondades” masónicas; si el liberalismo yanqui de los años ‘40 y ‘50 usó, en esos años victoriosos, la propaganda de las “chicas pin-ups” que lo identificaban con los eróticos y sensuales atractivos de la “libertad” en todo el mundo; también podemos preguntarnos, ¿cómo finalmente la revolución conciliar en la Iglesia no iba a terminar por exhibirse en un emblema, no oficialmente declarado, pero sí convocado, al presentar con una imagen femenina lo que ella pretende ser? Y por supuesto, esa imagen, ya que debe mostrar a las masas mundanas del mundo liberal lo que ella es, no puede ser la Sma. Virgen María ni las Santas que ha dado la Iglesia en su historia, ya que la iglesia conciliar per se es una iglesia que se ha aggiornado al mundo moderno y sus inobjetables progresos en materia de “libertad”, “igualdad” y “derechos humanos”. Y puesto que el mundo ingresó al Vaticano, la imagen de esa mujer debe simbolizar lo que es este mundo que simula ser “cristiano”, cualquier cosa que ello signifique en estos tiempos.

En este caso es Francisco quien, llamado mediáticamente “el papa de los gestos”, no se ha quedado atrás en ese apresurado exhibicionismo gestual que pretende dar un mensaje indubitablemente claro de comunión con el mundo. Es por eso que podría decirse, en consonancia con la simbología manejada por la revolución en sus distintas versiones y etapas históricas, que ahora en la “teología de la mujer” que impulsa Francisco, la Magdalena se exhibe impúdicamente sin llegar a ser nunca una penitente, sino tan sólo una “misericordiadora” que merced a sus gestos filantrópicos y solidarios,  descansa de su abrumadora impudicia, liberándose así de toda necesidad de limpiarse de lo que otrora se llamaban “pecados”. Con lo que cubierta bajo el amparo de una falsa misericordia, se empantana cada vez más en esta suerte de trampa elaborada por los fariseos modernos, que para no dejar entrar a los demás que “no son como ellos”, simplemente han dejado de arrojar las piedras, que no dan buena publicidad, para falsearles el camino a la salvación. Crueldad que aparece con rostro amable, pero que no puede ser nunca caridad pues deja a un lado lo que la fundamenta: la verdad.




Es así entonces que distintas féminas de la “farándula” han sido llamadas a desfilar por el Vaticano con sus impudorosas performances a cuestas, como en unas carnestolendas que son capaces de exponer, a instancias de Francisco, la mejor de las intenciones con la peor de las demostraciones. Es la puesta en escena de ese “viví y dejá vivir” perorado por aquel en una entrevista con una vulgar revista mundana, así solo sin aditamentos, sin predicado, sin el cómo y para qué o mejor para Quién vivir, se connota en una ya asqueante atmósfera de “buenismo” que cree poder unir la gracia y el pecado, la Iglesia y el mundo, para seguir viviendo con total tranquilidad, adormecidas y/o oscurecidas las conciencias. El Dios de los católicos, único Dios, la Trinidad Santa, podría quizás decirles como ya lo hizo por boca del profeta Isaías: “Ya me tienen hastiado. Yo no gusto de los holocaustos de carneros, ni de la gordura de animales pingües, ni de la sangre de los becerros, de los corderos y de los machos cabríos. Cuando os presentáis ante mi acatamiento, ¿quién demandó estos dones de vuestras manos, para pasearos por mis atrios? No me ofrezcáis más sacrificios inútilmente; abomino del incienso” (Is. 1, 11-12). Cuánto más cuando a un rito dudoso, espurio y desacralizante, tan dudoso que hasta el mismo oficiante evita la genuflexión ante quien (¿supone, cree?) es el Omnipotente en la Sagrada Eucaristía, cuánto más si a ese rito bastardo le acompaña en la solemnidad monumental del templo entre todos los templos, la profanidad de un espectáculo musical bochornoso para lo que se sugiere o comunica que se lo hace, esto es, para glorificar a Dios, y además llevado a cabo por personajes indiferentes y aún irreverentes a la Religión, extraños en absoluto al sentido de un verdadero sentido místico de la Misa, y por lo tanto no ya imbuidos de una automatización y rutina en la celebración u ofrecimiento del sacrificio, sino más allá de eso, cargados de una mundanidad pecaminosa pública que el tan condenador de mundanidades Francisco no se inmuta en corregir.

De tal modo que subiendo la apuesta en su depravación del culto con el que se afirma que se desea honrar a Dios, Francisco ahora trasladó la chatarra cultural marxista-indigenista con un espectáculo denominado “Misa criolla” de la castigada Iberoamérica a San Pedro en Roma para decir al mundo que esa es la imagen ahora “remozada” de la Iglesia en su mentalidad vulgarizante y “populista”, fijamente puesta la mira en cumplir el triste destino que el Vaticano II ha querido infligirle a la Iglesia católica. La imagen que Francisco ha mentado algunas veces, para hablar de la Iglesia, es la de una viuda que espera a su Esposo, Cristo. La ha comparado hasta con la viuda de Naím. Pero en los hechos Francisco apuesta a dar un mensaje inequívoco a través de los medios de comunicación, doblando cada vez más la apuesta. Por eso puede afirmarse, siguiendo los ejemplos dados en distintas etapas de la revolución mundial anticristiana, que ahora la imagen simbólica de la iglesia versión conciliar es la “prostituta buena”, la mujer sensual que no recibe condena pero tampoco perdón, sino el prestigioso galardón de cantar en una misa en la fiesta de la Inmaculada Madre de Dios. La mujer con la que todos fornican (siquiera imaginariamente) es introducida en el templo no para que salve su alma, ya arrepentida y convertida a nueva vida, sino que premiada por su malvivir, se pide contribuya a mundanizar aún más la religión del hombre que se hace como Dios.

Así es como de la mano de Francisco llegó a Roma una cantante de rock y temas melódicos que el año pasado firmó contrato con una empresa de lencería y desde entonces exhibe escandalosamente sus carnes (a los 56 años de edad) públicamente; una mujer que ha trabajado en Teatro de Revistas, es decir, obras de vedettes semidesnudas, canciones y chabacano “humor” sexual; una cantante que ha salido de gira con dos de sus amigas cantantes lesbianas que han hecho uso del “derecho” al “matrimonio igualitario”; una actriz que apoya un gobierno anticristiano como es el de Kirchner en Argentina, etc, etc.

Bergoglio realizó una metódica y eficaz labor de destrucción de la Iglesia oficial en la Argentina, profundizando, mientras daba discursos austeros y tenía gestos demagógicos y acomodados a los personajes que se apoderaban “democráticamente” de los resortes del poder, una desacralización y pauperización doctrinal y litúrgica que ha postrado al país en la mayor de las estulticias. Con esa experiencia a cuestas, exporta ahora el “modelo”, potenciado, para disponer de la iglesia conciliar, cual señora emputecida, para olvidar a ese Señor que lleva mucho en los labios, pero al que infiere afrenta tras afrenta en las obras.

Bueno es entonces, ante el panorama desolador de la iniquidad en avance, no olvidar que ante esa deformante imagen de los manipuladores, se yerguerá siempre la imagen invencible de la Madre de Dios, en este caso desde su tilma milagrosa guadalupana, símbolo este sí de una Iglesia que ante los poderosos embates y furiosos ataques de sus enemigos, permanece incólume a lo largo de los siglos, siempre victoriosa, anunciando a los pobres oprimidos por la barbarie satánica, la liberación. A esa imagen llevemos la mirada, pues, cuando la imagen aborrecible de la iglesia conciliar se nos presente insultante y desvergonzada con su sonrisa prostibularia ante el batir hiriente de los tambores que nos recuerdan que estamos en guerra.


lunes, 15 de diciembre de 2014

ACERCA DE MONS. WILLIAMSON: ¿DON QUIJOTE CONTRA LOS MOLINOS? ¿O LOS AGITADORES “INVESTIDOS” DE UNA MISIÓN? POR ADRIEN LOUBIER (SOUS LA BANNIERE)


“Domine libera animam meam a labiis iniquis et a lingua dolosa” 
(Salmo 119)
“Señor, libra mi alma de los labios inicuos y de la lengua dolosa”






De tiempo en tiempo, se desencadenan campañas de denigración y de calumnias contra personas conocidas. Múltiples causas pueden ser el origen, desde los simples celos hasta la buena fe equivocada, o bien, críticas y debates que se exaltan hasta perder la mesura.

O también la simple tontería que se toma en serio, como Don Quijote; ¡o tal vez algunas “influencias” cuidadosamente disimuladas detrás de 3 puntos!
Si somos el objeto de este género de campaña, a veces es preferible callarse. Pero cuando estas calumnias dañan la reputación y el honor de un personaje público que conocemos y estimamos, es necesario entonces tomar la pluma, saltar al ruido y hacer justicia de los errores cometidos y de los ataques públicos que resultan de ellos.

Monseñor Williamson acusado de ser masón.

Amigos me facilitaron unas fotocopias de un artículo aparecido en el boletín n° 33 de “La voz de los Francos Católicos” de julio de 2014; director Bruno Saglio, de las Ediciones Saint Rémi.

Es un panfleto de unas 30 páginas, en las cuales podemos leer las frases siguientes, ¡presentadas como certitudes! Las cito:

Subtítulo página 14: “Una reacción dirigida por un agente del enemigo: Mons. Williamson”.

Subtítulo página 22: “El blasón episcopal del ex anglicano: una firma digna del Enemigo”.

Página 25: “…Monseñor Williamson sólo puede ser un enemigo infiltrado en la Tradición para una razón muy precisa, ya definida en el siglo XIX por el luciferino ex canónigo Roca: neutralizar para hacerla desaparecer, por absorción en la Contra Iglesia Conciliar”.

Página 27: “Un obispo, antiguo anglicano, R+C (Rosacruz), fabianista, masón, nazi, debe ser perseguido sin tregua”.

Me he infligido el doloroso trabajo de leer estas 30 páginas, cuya inspiración es por momentos reconocible por su estilo y su método: ataque en todos los aspectos, mezcla artística de verdadero y falso para acreditar lo uno por el otro, delirio mental y verbal de suposiciones y de afirmaciones sin prueba… Algunas menciones de nombres en el corazón de este artículo me parece que indican a uno de los inspiradores de este panfleto, pero no quiero mencionarlo para no darle publicidad.

Por lo tanto, vale la pena resumir aquí las pretendidas demostraciones de este tejido de calumnias, limitándome a lo que presentan como “fundamento” de los horrores que despotrican sobre Mons. Williamson, y responderles, lo que es bastante fácil.

Primer argumento: es un Inglés

¡Monseñor Williamson es inglés! De la “pérfida Albión”, “En la que Lucifer ha puesto todas sus complacencias” (…) “que sangra hoy a toda la tierra para imponer el Nuevo Orden Mundial!1

Esto es muy verdadero. Pero entonces deducen:

“¡He aquí Inglaterra, de donde salió Monseñor Williamson!” (¡en la línea siguiente!)

Esta asimilación, que es además anglófoba, parece estar marcada con una especie de racismo, que muestra un simplismo de primate.

Ésta consiste en acumular sobre la cabeza de este obispo, todos los crímenes de la pérfida Albión (que son muy conocidos), ¡y a hacerlo responsable de ellos por el simple hecho de su nacimiento!

Es un absurdo, bajo la pluma de los franceses a los cuales podríamos, con la misma verosimilitud, imputar todos los crímenes de la Francia actual, ¡simplemente por el hecho de su nacimiento!

En todo caso, si yo acusara al autor de este triste panfleto, de tener el espíritu de los derechos del hombre por el solo hecho de que es francés, salido de la patria que los proclamó en 1789, ¡la acusación tendría el mismo valor… o no valor!

Después de todo, Inglaterra fue, durante siglos, “La Isla de los Santos”. Desgraciadamente ella cayó en la herejía y el mundialismo.

Y si Francia es la primogénita de la Iglesia, el espectáculo que ella da al mundo en nuestro tiempo, no parece más glorioso.

Que un francés hoy en día se regodee de su nacionalidad para fustigar a un obispo por haber nacido inglés, y deducir de ello que es un “enemigo de la Iglesia”, muestra un chauvinismo ridículo y perfectamente injustificado.

Segundo argumento: ¡Monseñor Williamson es anglicano!

Argumento contundente que niega las “conversiones”. Pues nuestro autor no duda:

“Es totalmente inconveniente que la última resistencia esté bajo el control de un inglés, que además, es un converso del anglicanismo” 2.

Sigue un arañazo a Mons. Lefebvre (de pasada), cuyo error fue de “confiar altas responsabilidades a convertidos recientes”, lo que “constituye ni más ni menos que una gran imprudencia”.

Y nuestro pomposo autor se erige así en juez de la conversión de Monseñor Williamson, con tanta decisión afirmativa como para apreciar “la imprudencia” del fundador de Ecône.

Se introduce así la duda y penetran en el fuero interno de la manera más grave. Como si el hecho de haber sido anglicano y de haberse convertido, no lo pudieran hacer semejante a tantos otros anglicanos convertidos que son los ornamentos de la Iglesia Católica.

A pesar de la pobreza de mi cultura, recuerdo algunos nombres de anglicanos convertidos, como:

El Cardenal John Henry Newman, 1801/1890, fundador del Oratorio.

El Padre Faber, uno de mis autores místicos preferidos que ilustró a la Iglesia en el siglo XIX.

Chesterton, que ilustró el siglo XX con su pluma apologética y mordaz.

Monseñor Robert Hugh Benson, autor del “Señor del mundo”, libro que todos deberían leer y meditar.

¡He aquí algunos estantes de mi biblioteca que habrá que expurgar si se pone en duda las conversiones anglicanas!

Pero de qué valen las afirmaciones perentorias de nuestro autor, que nos pasea en largas páginas entre diversos autores o sociedades masónicas, acusando a Monseñor Williamson de haberlas conocido o frecuentado, sin jamás proveer referencias verificables. Es una verdadera tarta de vómitos que no perdona ni la moral, evocando contactos anteriores a la conversión y concluyendo una supuesta pertenencia a la secta de los Fabianos ¡puesto que él es inglés!

Un verdadero tejido de fábulas.