sábado, 5 de abril de 2014

VIA CRUCIS




COMENTARIOS ELEISON - CANONIZACIONES IRREALES



Número CCCLI (351)
5 de Abril de 2014

CANONIZACIONES IRREALES

Mons. Williamson


La “canonización” de dos de los Papas Conciliares, Juan XXIII y Juan Pablo II, está programada para el último domingo de este mes, y muchos Católicos creyentes casi se están muriendo de miedo. Saben que los Papas Conciliares han sido destructores (objetivos) de la Iglesia. Saben que la Iglesia mantiene que las canonizaciones son infalibles. ¿Van a ser forzados a creer que Juan XXIII y Juan Pablo II son Santos? Sobresalta la mente. Pero no necesita hacerlo.

En Agosto del año pasado estos “Comentarios” afirmaron el hecho de que las “canonizaciones” de la Neo-Iglesia son una realidad tan diferente de las canonizaciones pre-Conciliares que ningún Católico necesita creer que las canonizaciones post-Conciliares son infalibles. No estaba equivocado, pero mientras que afirmé el hecho de que esto es así, no di la razón del porqué, lo cual es una manera superior de conocer algo. Por el contrario, en una conferencia de un retiro, tal vez de 1989, Monseñor Lefebvre dio la razón profunda radical del porqué. Esta razón – podredumbre mental modernista -- es crucial para comprender correctamente la totalidad de la Revolución Conciliar.

Monseñor dijo que al igual que una masa de hombres modernos, los Papas Conciliares no creen en ninguna verdad siendo estable. Por ejemplo la formación de Juan Pablo II fue basada en la verdad que evoluciona, que muda con los tiempos, que progresa con el avance de la ciencia, etc. Que la Verdad nunca sea fija es la razón por la cual en 1988 Juan Pablo II condenó las Consagraciones Episcopales de la FSPX, porque ellas brotaron de una idea de la Tradición Católica fija y no viviente o mutante. Pues ciertamente los Católicos mantienen, por ejemplo, que cada palabra del Credo es inmodificable porque las palabras han sido forjadas no sin esfuerzo a lo largo de las edades para expresar tan perfectamente como sea posible las verdades inmutables de la Fe, y estas palabras han sido infaliblemente definidas por los Papas y por los Concilios.

Las verdaderas canonizaciones son otro ejemplo: (1) el Papa pronuncia como Papa, (2) que tal y tal persona es un modelo de fe y moral, (3) de una vez y para siempre (nadie solía ser descanonizado), (4) para que toda la Iglesia la acepte como tal modelo. Como tal, las canonizaciones acostumbraban llenar las cuatro condiciones de la enseñanza infalible de la Iglesia y se mantenían como infalibles. Pero esta idea Católica de una verdad inmutable es inconcebible para las fluidas mentes modernas como lo es la de los Papas Conciliares. Para ellos la verdad es vida, una vida en desarrollo, en evolución, en crecimiento hacia la perfección. ¿Cómo puede entonces un Papa Conciliar ejecutar, menos aún imponer, una canonización infalible?

Monseñor imagina como un Papa Conciliar podría reaccionar ante la idea de haber hecho tal cosa: “¡Oh, no! Si alguna vez en el futuro resulta ser que la persona que yo canonicé no tenía todas las cualidades requeridas, bueno, algún sucesor mío puede bien declarar que yo hice una declaración de la virtud de esa persona pero no una definición de una vez y para siempre de su santidad”. Mientras tanto, la “declaración” del Papa “canonizante” ha hecho felices al Presidente de la República local y a los Cristianos locales y él les ha dado a todos ellos una excusa para tener una fiesta para celebrar.

Si uno piensa en ello, esta explicación de Monseñor aplica a la Neo-Iglesia en todos sus ámbitos. Lo que tenemos en el Vaticano II es la exigente belleza de la Verdad inmutable de Dios que conduce al Cielo siendo reemplazada por la complaciente fealdad de la fluida fantasía del hombre que puede llevar al Infierno, pero que habilita al hombre, como él lo piensa, a tomar el lugar de Dios. El paso clave en este proceso es el desenganche de la mente de la realidad. Cuando el proceso es aplicado hoy en día a la Iglesia en forma de modernismo, los resultados son tan totalmente dispares a lo que ocurría antes que las nuevas realidades absolutamente requieren nuevos nombres: Neo-Iglesia, Neo-canonizaciones, Neo-santos, etc. Después de todo, ¿no están los Conciliaristas orgullosos de hacer todo de nuevo?

Kyrie eleison


APERTURA SITIO OFICIAL DE LA RESISTENCIA CATÓLICA EN FRANCIA





PLEBEYISMO



“Conviene que vayamos preparando la revolución contra el plebeyismo, el más insufrible de los tiranos”. Ortega y Gasset, Democracia morbosa, 1916.


Castellani explica a Kierkegaard. “Si un Rey se enamora de una sirvienta naturalmente va a sufrir; pero ¿si una sirvienta se enamora de un Rey? Mas volviendo la vista a la Prometida de Cristo, la Iglesia, ve que ella no sufre, lejos de eso, anda muy campante, en politiquerías y apariencias, cómoda, confortable, acomodada. Va a bendecir el Congreso de los Ferroviarios”. Eso es exactamente la iglesia conciliar, que aparenta para el mundo ser “católica”, ahora más “dicharachera” y “divertida” que nunca con el papa (¿?) tanguero y futbolero que “misericordea” con los judíos. En realidad no “misericordea” sino que “miserabiliza” la fe. Si K. dijo que “El protestantismo es el aliado del plebeyismo” entonces Bergoglio es todo un protestante. Tal vez esto es lo que le haya querido hacer saber la Vieja Hereje Isabel II del British Empire, regalándole una canasta con comestibles a Francisco, además de llegar tarde a la cita. Nada de realeza: plebeyismo politiquero y falsa aristocracia disfrazados para la ocasión. Con el consabido broche final de Francisco, dirigido a la jefa espiritual de los herejes que odian a la Iglesia Católica, que de tan repetido se ha tornado un jingle de sus encuentros diplomáticos: “Rece por mí”. Y aquí una vez más se ve el doble discurso de Bergoglio: los mafiosos deben dejar de hacer mal y convertirse porque sino “les espera el Infierno”. A la madraza de los criminales, en cambio, le pide que rece por él. ¿No es esto lo que condenaba Nuestro Señor, el hacer acepción de personas? Por supuesto, ¿quién es él para juzgar a la Reina de Inglaterra?

CAMINAR




“Nuestra vida es un camino, y cuando nos paramos la cosa no va”.

Francisco


“La herejía de la acción sin freno del voluntarismo, consiste en caminar mucho y pensar poco”.


Castellani, “Las muertes del padre Metri”.

P. SIMOULIN: FALSOS MOTIVOS PARA SOMETERSE A ROMA MODERNISTA.

NON POSSUMUS

El Padre Simoulin se ha distinguido por ser uno de los sacerdotes más acuerdistas de la FSSPX. "El Seignadou" es una publicación oficial de la FSSPX del priorato Saint Joseph des Carmes, cuyo editor es el Padre Simoulin. Nuestros comentarios en rojo.

Padre Michel Simoulin: La gran cuestión que se nos plantea.

Fuente: Tradinews





Le Seignadou - abril 2014
La gran cuestión que se nos plantea a nosotros y en primer lugar a nuestros superiores, es sin ninguna duda ésta, la cual fue bien formulada por un amigo: “¿No hay ningún peligro para la fe el aceptar ponerse bajo una autoridad, Papa u obispo que, continúan desde hace 50 años la obra de la destrucción de esta fe, y esto sin acordar con anterioridad las cuestiones doctrinales involucradas?”
La primera respuesta es evidente: Por supuesto que el peligro es grande y real, nosotros estamos conscientes de ello y nosotros siempre lo hemos dicho y explicado. Es fácil reportarse a todos los estudios que hemos hecho sobre el concilio, el nuevo catecismo, Juan XXIII y Juan Pablo II, entre otros.

Es evidente que, si ningún “acuerdo” se ha realizado todavía, como lo ha dicho claramente Monseñor Fellay, es porque no queremos someternos incondicionalmente acontrario sensu: confiesa que los acuerdistas están dispuestos a un sometimiento condicional a una autoridad de la cual no estamos seguros las eternas dudas de los liberales… que nos quiera bien y nos permita continuar sirviendo a la Tradición de la Iglesia sin obligarnos a aceptar el Vaticano II sin discusión cobarde repliegue: para estos liberales no se trata de combatir por el triunfo de la fe sobre la herejía modernista dominante, sino sólo de que no se nos imponga el Vaticano II, de tener seguridades y tranquilidad en el metro cuadrado tradicional que se nos permita tener en el zoológico ecumenista.

lunes, 31 de marzo de 2014

LA OBRA DE DIOS – PADRE EMMANUEL


         


  1. La Obra... y las obras

Se ha dicho que nuestro siglo es el siglo de las obras. Hay tantas que cada uno tiene la suya, poco más o menos. Algunos dicen: Mi obra, otros: Mis obras. En efecto: todo hombre es autor de alguna cosa.

Por consiguiente, hay obras de toda índole: buenas, mediocres, despreciables.

Las obras despreciables deben inspirarnos compasión; de las mediocres mejor no ha­blar; a las buenas, les deseamos todas las bendiciones de Dios.

A pesar de eso, no dejamos de temer que nuestras obras sean como las de ciertas Igle­sias del Asia, a las cuales Nuestro Señor es­cribió cartas como la siguiente:

“Al Ángel de la Iglesia de Sardes:

“Conozco tus obras y que tienes nom­bre de vivo, pero estás muerto (...) no
he hallado tus obras perfectas en la presencia de Dios” (Apoc. 3, 1-2).

“Al Ángel de la Iglesia de Laodicea:

“Conozco tus obras y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente; mas porque eres tibio y no eres caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca. Porque dices: yo soy rico y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo” (Apoc. 3, 14-17).

Es bastante fácil ver todo color de rosa, comenzando por uno mismo; conocemos mucha gente de escasa virtud que llega a tal situación.

Aplaudirse a sí mismo y tributarse elogios que serían verdaderos si vinieran de Dios, pero bastante sospechosos si proceden de otra parte, es asemejarse con bastante perfección al ángel de Laodicea.

Demasiado a menudo nuestras obras no son perfectas delante de Dios. Tienen una especie de pecado original al que podríamos nombrar. Llevan en sí un vacío, un vacío funesto.

Pero, lamentablemente, son nuestras obras. Son nuestras, son de nosotros. Y nosotros somos de Dios, y de la nada, y en nuestras obras siempre pesa más la nada donde hemos sido sacados que Dios que nos sacado.

Ejemplo: de todo lo que se escribe, imprime, vende, compra, se lee o no se lee, no hay casi nada que no se escriba para poner en evidencia algún pensamiento humano, del todo humano, casi siempre manchado por el error por algún lado, si no enteramente.

El hombre escribe para el hombre: si pusiéramos a un lado los libros hechos puramente para Dios y la verdad de Dios, y al otro las obras del hombre, habría una desproporción espantosa.

Hay una prueba evidente: el Evangelio, libro que nos da el pensamiento puro de Dios ¿no es, acaso, un libro dejado a un lado por casi todos y en casi todas partes?

Hemos citado un solo ejemplo: podríamos citar cientos y aún más.

Llenas del pensamiento del hombre y vacías del espíritu de Dios, nuestras obras se han puesto en acción y, sin embargo, ¿qué espectáculo tenemos a la vista? ¿Dónde estamos y adónde vamos? Todas las obras ¿han podido hasta ahora obrar la salvación?

No negamos los resultados felices de muchas obras, por lo cual bendecimos a Dios. Pero, ¿no es patente que esos resultados son restringidos y que, en suma, la salvación general está por lograrse todavía?

Desde hace casi un siglo el mal se ha desatado sobre Europa principalmente, y luego sobre el resto del mundo; el mal, pese a todas las obras ¿no ha realizado conquistas aterradoras? ¿No se ha apoderado del poder público y de la autoridad política en casi todo el orbe? ¿No ha hecho sentir su yugo a todo lo cristiano, desde el augusto jefe de la cristiandad, León XIII, prisionero en el Vaticano, hasta el niño bautizado más pequeño al cual se le prohíbe la enseñanza cristiana y se le impone por ley la enseñanza atea?

Ésta es la situación: ¿qué prueba más evidente de que nuestras obras no son perfectas delante de Dios?

No obstante, hay una obra, una obra perfecta delante de Dios, una obra que nada tiene de la vanidad del hombre, una obra que conseguiría infaliblemente la salvación del mundo, una obra a la que sólo le faltan operarios.

Muy pronto diremos su nombre; mientras tanto, dejaremos que lo adivinen...


           2. ¿Cuál es la obra de Dios?

Hemos dejado adivinar el nombre de la obra que es la única capaz de salvar al mundo y, ahora, escribimos su nombre con todas las letras: la llamamos la obra de Dios.

Leemos en el GÉNESIS:

“En el principio Dios creó el cielo y la tierra (...) en el séptimo día, Dios había concluido su obra” (Gen. 1, 1 y 2,2).

La obra de Dios comienza, pues, con la creación y por la creación.

Por eso el primer artículo de nuestro Símbolo, la primera palabra de nuestra fe es:
Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Desde el principio de su obra, Dios dio su ley a nuestros primeros padres:

“Dios formó al hombre del polvo de la tierra y lo hizo a su propia imagen (...). Del cuerpo del hombre formó a la mujer. Les dio discernimiento, dioles lengua, ojos y oídos, y un espíritu para pensar y llenólos de la luz del intelecto. Llenólos de ciencia e inteligencia y dioles a conocer el bien y el mal (...). Les dio, además, una norma para regir su conducta y la ley de vida como herencia”.
(Eccli., 17, 1-9).

En el primer día la obra de Dios era magnífica. La naturaleza y la gracia estaban felizmente unidas y era voluntad de Dios que jamás se separasen para llegar juntas a la bienaventuranza suprema.

Pero la voluntad del hombre separó lo que Dios había unido; sobrevino el pecado, y si Dios hubiera abandonado a su creatura, todo habría concluido para nosotros y para siempre jamás.

Dios no permitió que su obra fuera así destruida. Decidió vencer al pecado y lo venció.

Por la creación había vencido a la nada, por la Redención venció al pecado. Ésa fue la obra de Dios por excelencia.

Como anticipo de la Redención, Dios entregó su ley a Moisés.

Leemos en el libro del ÉXODO:

“Y Moisés bajó de la montaña, llevando en sus manos las dos tablas del testimonio que estaban escritas de ambos lados, por una y otra cara. Eran obra de Dios, lo mismo que la escritura grabada sobre las tablas” (Éxodo, 32, 15-16).

Nos complace encontrar el término obra de Dios, referido a la ley dada a Moisés. La hallamos repetida más a menudo en la Escritura cuando se trata de la Redención.

Varios siglos antes de la divina Encarnación, el profeta HABACUC exclamaba:

“¡Dale, Señor, existencia a vuestra obra en el transcurso de los años!
Domine, opus tuum, in medio annorum vivifica illud”.
(Hab. 3, 2).

Y cuando el Hijo de Dios vino a este mundo dijo en el mismo sentido:

“Mi alimento es hacer la voluntad de Aquél que me ha enviado y cumplir su obra [opus eius]”
(Jo. 4, 34).

Esta obra, la obra de Dios, era la salvación de los hombres que Nuestro Señor debía alcanzar mediante sus ejemplos y su predicación, sus méritos y su Pasión.

La víspera de su muerte, en la divina oración antes de su agonía, decía a su Padre, en igual sentido:

“He consumado la obra que me encomendaste” (Jo. 17, 4).

Hablaba de una obra cumplida, a causa de la certidumbre de su muerte inminente, que debía tener lugar ese mismo día.

En boca del Salvador así como en la de su profeta, la obra de nuestra salvación era la obra de Dios.

Los Apóstoles, a quienes el Señor asoció a su obra divina, encomendándoles su continuación, no hablaban de otro modo que el divino Maestro:

“Así, pues, hermanos míos muy amados, manteneos firmes e inconmovibles, abundando siempre en la obra del Señor”.
(1 Cor., 15, 58).

Y       agrega:

“Timoteo trabaja en la obra del Señor”. (1 Cor., 16, 10).

Y       a los Filipenses:

“(Os he enviado a Epafrodito), recibidlo, pues, en el Señor con toda alegría, y honrad a los que son como él, que por el servicio de Cristo estuvo a la muerte por haber servido a la obra de Jesucristo” (Filip., 2, 28-30).

¿Cómo actuaban esos hombres de Dios que trabajaban en la obra de Dios? Imitaban humilde y fielmente al mismo Dios. Dios había comenzado su obra por la creación, la continuó por la ley y la consumó por la Redención; esos varones de Dios hicieron conocer el Creador a los hombres y de ello se siguió la sumisión de todos a Dios; hicieron conocer la ley y a su luz, los hombres reconocían sus pecados, el mal que habían hecho y el bien que dejaron de hacer; y finalmente, les dieron a conocer la gracia del Redentor, que es la única que sana las almas, la única que las purifica y la única que les da el poder y la voluntad de hacerlo.

Y entonces la obra de Dios se continuaba conforme a la voluntad de Dios y ninguno de los que trabajaba en esa obra decía: mi obra. El propio Hijo de Dios no lo dijo nunca y con eso, como con toda su vida, nos enseñó la humildad, una de las virtudes más indispensables para trabajar en la obra de Dios.


           3. Los operarios de Dios

¿Cómo comprendían la obra de Dios los Apóstoles, instruidos por Nuestro Señor? SAN PEDRO nos ha revelado todo el secreto:

“Pues nosotros debemos atender a la oración y al ministerio de la palabra”.
(Hechos, 6, 4).

En esas pocas palabras ¡cuántas luces! Los Apóstoles debían orar, obtener de Dios las gracias de conversión y luego predicar el Evangelio y llamar las almas a la conversión; así se hacía la obra de Dios.

La oración de los Apóstoles debía ser apoyada por la oración de los fieles. SAN PABLO recuerda con frecuencia ese gran deber a sus cristianos:

“Os exhorto, hermanos, por Nuestro Señor Jesucristo y por la caridad del Espíritu Santo, a que me ayudéis mediante vuestras oraciones a Dios por mí”.
(Rom. 15, 30).

A los Colosenses:

“Rogad por nosotros para que Dios nos abra una puerta para anunciar el misterio de Jesucristo”.
(Col. 4, 3).

Y a los de Tesalónica:

“Orad por nosotros para que la palabra de Dios avance con celeridad y sea Él glorificado como lo es entre vosotros”.
(2 Tes. 3, 1).

Esta doctrina apostólica, esa oración de la Iglesia en su cuna, era consecuencia de lo que Nuestro Señor había instituido y enseñado al darnos el Pater. Nos ha enseñado en él a pedir al Padre celestial que su nombre sea santificado, que venga su reino, que su voluntad se haga así en la tierra como en el cielo. Ahora bien: ¿qué es eso sino la obra de Dios? en la cual los Apóstoles trabajan con la oración y la palabra y los fieles con la oración solamente; pero en el plan divino todo fiel debe ser hombre de oración y por ello mismo, un operario de la obra de Dios.

SAN CIPRIANO es un admirable testimonio de esa doctrina divina. Al explicar el Pater enseña que debemos orar para conservar la gracia que nos fue dada y para que esa gracia se difunda entre quienes no la han recibido aún como nosotros.

He aquí las palabras del gran Obispo:

“Decimos: Santificado sea tu nombre; no deseamos que Dios sea santificado por nuestras oraciones sino que le pedimos que su nombre sea santificado en nosotros. Porque ¿por quién podría Dios ser santificado, puesto que Él es quien santifica todas las cosas? Le rogamos, por lo tanto, que nos conceda la gracia de conservar la santidad que hemos recibido en el bautismo, y eso se lo pedimos todos los días. Le rogamos sin cesar, día y noche, que su bondad se digne conservar en nosotros la santidad y la vida que Él nos ha comunicado mediante su gracia.

Viene después: Venga a nosotros tu reino; pedimos a Dios su reino en el mismo sentido en que le hemos pedido la santificación de su nombre (...).

Añadimos: Hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo, no para que Dios haga lo que Él quiere, sino para que nosotros mismos podamos cumplir lo que a Él le agrada (...). Pedimos a Dios todos los días, o, más bien, en todos los instantes, que se cumpla su voluntad en nosotros, en el cielo y en la tierra, porque la voluntad de Dios es que las cosas terrenas sean pospuestas a las celestiales y priven las divinas y espirituales (...). Rezamos por la salvación de todos los hombres, para que así como la voluntad divina se ha cumplido en el cielo, es decir, en nosotros por nuestra fe para que nos volvamos celestiales, se cumpla también en la tierra, es decir, en los infieles, de modo que quienes son todavía terrenales por su primer nacimiento, comiencen a ser celestiales cuando reciban el segundo por el agua y el Espíritu Santo”. (Tratado del Pater).

La doctrina de San Cipriano fue conservada fielmente en la Iglesia de África. Vital, un cristiano de Cartago, había prestado oídos a las doctrinas pelagianas y creía que la sola voluntad humana conducía al hombre a la fe. SAN AGUSTÍN le escribe:

“Hablar de ese modo es ir contra las oraciones que elevamos a Dios todos los días. Decid pues claramente que basta contentarse con predicar el Evangelio a los infieles pero que no se debe rezar por ellos para que crean: alzaos contra las oraciones de la Iglesia, cuando el sacerdote desde el altar exhorta al pueblo de Dios a rogar por los infieles para que Él los convierta a la fe, por los catecúmenos, para que Él les inspire el deseo de la regeneración y por los fieles para que Él los haga preservar en lo que han comenzado a ser; burlaos de esas santas exhortaciones, responded altivamente que no haréis nada de eso y que no rogaréis a Dios que convierta a los infieles a la fe, porque lo que los hace pasar de la infidelidad a la fe no es un beneficio de la misericordia de Dios sino un efecto de la voluntad humana.

Declaraos contra San Cipriano, vos que habéis sido educado en la iglesia de Cartago y condenad lo que el santo doctor enseña en su explicación de la Oración dominical: que es menester pedir al Padre de las luces esas mismas cosas de las que pretendéis es autor el hombre, y que cada uno tiene solamente de sí mismo”.

Vital no quería rogar a Dios pidiéndole la gracia de la fe para los incrédulos, porque pensaba que la voluntad del hombre le era suficiente para creer en la palabra de Dios: en eso era hereje, y, por lo tanto, no era operario de la obra de Dios. Tenemos hoy cristianos que tal vez no tienen esas ideas pelagianas, fundamentalmente naturalistas, pero, que no obstante, ya no son operarios de la obra de Dios, porque no rezan en absoluto.

Según la doctrina de los Apóstoles y de los Santos Padres, rezamos el Pater pidiendo a Dios la conservación de la fe en los creyentes, y el don de la fe para los infieles; los cristianos del día no piden a Dios ni lo uno ni lo otro: recitan la fórmula de labios para afuera, y así piensan que han rezado sus oraciones. ¿Quién creería que han rezado en el sentido que San Cipriano entendía la oración? Por eso, ¡la obra de Dios es una obra que está a la espera de operarios!



Padre Emmanuel, “El cristiano del día y el cristiano del Evangelio”, Editorial Iction, Bs. As., 1980.

R.P. ERNESTO CARDOZO: SERMÓN DOMINGO IV DE CUARESMA.-

NON POSSUMUS


R.P. ALTAMIRA: SERMÓN DOMINGO IV DE CUARESMA.

NON POSSUMUS

ENTREVISTA AL PADRE MARTIN FUCHS POR REX!



Entrevista en NON POSSUMUS

LOS PRECEPTOS DE LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS: 8vo. MANDAMIENTO – DOM TOMÁS DE AQUINO (EN PORTUGUÉS)

SPES


sábado, 29 de marzo de 2014

SAN PEDRO - EXHORTACIÓN A TODOS




“Y todos, los unos para con los otros, revestíos de la humildad, porque ‘Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes da gracia’. Humillaos por tanto bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os ensalce a su tiempo. ‘Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él mismo se preocupa de vosotros’. Sed sobrios y estad en vela: vuestro adversario el diablo ronda, como un león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos sufren vuestros hermanos en el mundo. El Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de un breve tiempo de tribulación, Él mismo os hará aptos, firmes, fuertes e inconmovibles. A Él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén.”


Primera Carta de San Pedro, V, 5-11.

FRANCISCO ESCONDE SU CRUZ PECTORAL ANTE SUS HERMANOS MAYORES


Francisco en el infame almuerzo con la comunidad judía.



“Allí donde fueron establecidas la Sede del bienaventurado Pedro y la Cátedra de la Verdad como una luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de su impiedad; a fin de que, una vez golpeado el pastor, puedan dispersar el rebaño”. León XIII


El 17 de enero de 2014, Francisco recibió a los representantes de la comunidad judía de Argentina en un almuerzo kosher en el comedor de la residencia Santa Marta. Como la Cruz molesta a los hermanos mayores de los conciliares, Francisco decidió esconderla…



 Cardenal Vingt Trois en la conferencia del Rabí Jacobson.



24 de Marzo de 2009, el Cardenal Vingt Trois y Turckson escondiendo su cruz en el Museo de la herencia judía de NY.


 

Bergoglio y su compañero escondiendo su cruz en Argentina.



Tomado de aquí.

COMENTARIOS ELEISON - RELIGIÓN FABRICADA



Número CCCL (350)
29 de Marzo de 2014

RELIGIÓN FABRICADA

Mons. Williamson



Hace dos meses un auto-declarado ateo celebró en Francia su cumpleaños 85to, y todos los teístas de la verdadera religión tienen para con él una seria deuda de gratitud porque, en el mundo de mentiras de hoy en día, el Profesor Robert Faurisson ha sido un poderoso defensor de la verdad. Yo, por lo menos, desearía que muchos más creyentes en el Verdadero Dios tuvieran su inteligencia y su honestidad para discernir la verdad y su coraje para decirla.

Por ejemplo, sea que sí o sea que no es un hecho histórico que hubieron seis millones de víctimas gaseadas en cámaras de gas en el Tercer Reich, el Profesor Faurisson insiste en tratarlo como una cuestión histórica a ser resuelta por los hechos y por las evidencias científicas y no por la emoción ni por la legislación - ¿Qué podría ser más razonable? Y, sin embargo, en esta cuestión en particular, una masa de nuestros contemporáneos no escuchará razón. ¿Están sus mentes funcionando aún? Nuestra cálida gratitud para el Profesor por traer una excelente y erudita mente a examinar una cuestión histórica como una cuestión de historia y no como de otra cosa.

¿De otra cosa? Nuevamente, sea que sí o sea que no los Seis Millones son una realidad histórica, es el Profesor quien declara que de cualquier manera ellos han adquirido status de religión secular. ¿Se necesita un hombre supuestamente irreligioso para discernir lo que sirve como la principal religión de nuestros tiempos? Yo desearía que unos pocos Católicos más tuvieran la iniciativa para ver y para decir lo que hoy en día es el principal antagonista de su verdadera religión. He aquí un muy breve resumen general de un artículo sobre el tema escrito en el 2008 por el Profesor Faurisson:

Los Seis Millones constituye una religión laica con sus propios dogma, mandamientos, decretos, profetas, sumos sacerdotes y Santos: Santa Ana (Frank), San Simón (Wiesenthal), San Elías (Wiesel). Tiene sus lugares sagrados, sus rituales y sus peregrinajes. Tiene sus templos y sus reliquias (barras de jabón, pilas de zapatos, etcétera), sus mártires, héroes, milagros y milagrosos sobrevivientes (millones de ellos), su leyenda de oro y su pueblo santo. Auschwitz es su Gólgota, Hitler es su Satán. Dicta su ley a las naciones. Su corazón palpita en Jerusalén, en el monumento Yad Veshem.

Es una nueva religión que ha gozado de un crecimiento meteórico desde la Segunda Guerra Mundial. Ha conquistado Occidente y se está equipando para conquistar al mundo. Mientras que el progreso del pensamiento científico en nuestra sociedad de consumo ha debilitado el agarro de todas las religiones clásicas al volver a las personas más y más escépticas en cuanto a la verdad de las narraciones de la religión y de las promesas que la religión ofrece, la nueva religión prospera al punto que cualquiera pillado negando su dogma básico es grabado a fuego como un “Revisionista”, es echado fuera de la comunidad y es tratado como solamente los heréticos eran otrora tratados. Es, en efecto, una religión, y es hoy en día un instrumento mayor y, uno puede decir, la religión popular del impío Nuevo Orden Mundial.

El Profesor arguye que este éxito puede atribuirse a que recurre a las técnicas propias de la sociedad de consumo en cuanto a propaganda y venta. Aquí pienso yo que a él sí le falta la perspectiva religiosa. Seguramente la apostasía de las naciones otrora Cristianas es la principal explicación. Cristo es Dios. Cuando Dios es empujado hacia afuera, Él deja detrás de Él un enorme vacío que debe ser llenado con algo. Los promotores de la nueva religión tienen a causa de su historia un instinto sin igual para la fabricación de religiones sustitutas. Pero, sea como sea, invitaría a los creyentes a rezar por el no creyente Profesor para que él pueda recoger la divina recompensa que, visto humanamente, él merece por los heroicos servicios que ha prestado a la verdad.

Kyrie eleison.


jueves, 27 de marzo de 2014

EL ENCANTAMIENTO REVOLUCIONARIO (LA REVOLUCIÓN DENTRO DE LA FSSPX)









Para poder hablar de la revolución en los tiempos modernos, hay que hablar del nominalismo y todos sus errores.

Todo el problema de la filosofía moderna es el no creer en la capacidad de la razón para conocer la Verdad. La primera consecuencia de esta negación del intelecto humano es que, para imponerse, la revolución no hará razonamiento, ella buscará los métodos que están mucho más cercanos de los métodos publicitarios que de los métodos de demostración (la lógica).

Hay una segunda razón (y consecuencia) de esta negación. La revolución es contra natura, le será necesario encontrar un método particular, diferente de las vías normales de la naturaleza. Este método lo llamaremos “maleficio revolucionario”. El encantamiento según el diccionario es “la acción de subyugar a alguien, de atraerlo, de dominarlo irresistiblemente[1]”.

¿Por qué estudiar este método? Porque los católicos tradicionalistas[2] que somos tenemos confianza en la razón y su lógica. Creemos en las verdades y en las definiciones. En todos los problemas ante los cuales estamos práctica y cotidianamente enfrentados, nosotros buscamos el error y no es habitual en nosotros buscar por principio las maniobras y mucho menos las maniobras puramente psicológicas que no tienen nada de racionales. Es por eso que tenemos una cierta debilidad e ingenuidad frente a la revolución: bajo el pretexto de tomar las cosas con seriedad, no queremos ver a la revolución tal como ella es y ella no nos ataca siempre con groseras mentiras y horrores que estarían en plena contradicción con las verdades por las cuales luchamos. La revolución moderna es más sutil: ella nos ataca minando astutamente los cimientos del espíritu.

La historia de la revolución nos permite constatar este hecho: hay un gran número de contrarrevolucionarios que se convierten en revolucionarios de dos maneras: sea sin darse cuenta o siendo persuadidos de servir a la contrarrevolución (este es el fin de los fines). Se ve así un gran número de gente que han tenido contactos con la revolución y que no la han comprendido verdaderamente. En cada batalla contrarrevolucionaria, algunos, que parecen haber comprendido hasta ese momento, se dejan atrapar en la trampa. Cada vez hay un golpe de publicidad que tiene éxito donde los estrategmas precedentes de la revolución habían fracasado.

Observemos ahora el ciclo revolucionario.

     1.    El ciclo revolucionario

1) Lobby, 2) encantamiento, 3) terror.

Lobby, es el nombre del pasillo del parlamento inglés. En el concilio Vaticano II, hubo la cafetería, el bar Jona y el bar Abbas. Es allí donde se hizo el concilio. Y en las reuniones secretas de cardenales que prepararon la revolución. El lobby es un grupo de presión, más aún, un núcleo dirigente. El alma escondida.

Una vez que esta preparación tuvo lugar, este lobby lanzará una campaña que está preparada. Se pasa a la etapa de encantamiento.

Fase externa. Encantar. Esencialmente es la anestesia de la inteligencia por la exacerbación de las pasiones.

En esta segunda fase está la subversión, la desinformación. Tantos aspectos o partes integrantes del mecanismo del encantamiento.

Los revolucionarios no creen en la inteligencia y si ellos dejan ejercer la inteligencia, necesariamente ella va a volver a la Verdad, por lo tanto, a la contrarrevolución. No hay nada más contrarrevolucionario que un hombre que habla de su oficio. Él es muy contrarrevolucionario porque sabe de lo que habla.

Entonces, una vez pasado el encantamiento, queda gente que, a pesar de todo, reflexiona y que se sirve de su inteligencia. Gente que grita “el lobo”: “cuidado, se lleva a cabo una empresa de seducción”. “Pasa esto y aquello, se los mostraré”. “No caigan en la trampa”. El encantamiento tiene la ventaja de develar estas personas que empiezan a reaccionar. Hasta entonces eran desconocidos. Pero de golpe, salen. Entonces estas personas, al develarse, prueban que son peligrosos para la revolución porque razonan. Entonces se utilizará una última arma contra ellos que es muy simple: la eliminación (física, sociológica, financiera, etc…)

El terror. Actualmente hay leyes que van en este sentido a nivel de los estados revolucionarios: Está la ley Gayssot sobre el racismo. Con ciertas penas accesorias: por ejemplo, un racista puede ser privado del permiso de conducir. Se priva del permiso de conducir a un farmacéutico que se niega a vender anticonceptivos. Es mucho más eficaz socialmente hacerlo perder su permiso de conducir que de pagar una multa. Es eficaz, funciona, no es idiota.